El artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Esta hermosa formulación es asumida por las instituciones, los partidos políticos y las propias sociedades, como si fuera una poesía, pero lo cierto es que en la realidad las políticas públicas están lejos de llevarla a la práctica. Para que se cumpla debiera garantizarse un suelo de igualdad, un principio según el cual a toda persona que nace se le debe garantizar, incondicionalmente, unas mínimas garantías de vida digna. La Renta Básica Universal es, sin duda, la mejor solución. No se trata ya de un debate político, sino de una redistribución de la riqueza que marca la diferencia entre una humanidad responsable y una sociedad sin justicia.

Probablemente estas afirmaciones me convierten en populista. Hoy, defender todos los derechos para todas personas es un pecado populista. Las redes neoliberales que incorporan a políticos, partidos, medios de comunicación, tertulianos y otras especies que crean opinión, no dudan en acusar de populista a quien defienda una vida decente para todas y todos. El propio Barak Obama lo ha dicho en su despedida: “Preocuparse por la gente, tanto por los pobres, como por los trabajadores, las madres, por la educación de los niños, por la igualdad de oportunidades, por la transparencia y por la lucha contra la corrupción y el fraude, supongo que eso me convierte en un populista”. Los DDHH ya son populistas, ¡abajo con ellos!

Así están las cosas, un ejército de ignorantes con poder dictan lo que es correcto y lo que no.

La Renta Básica Universal no es sino la aplicación de los DDHH en la vida en sociedad. Toda persona ha de tener recursos mínimos para vivir. Quienes están en contra o tienen dudas, alegan que desincentiva la búsqueda de trabajo. Es una afirmación gratuita pero que respeto cuando se hace desde la buena voluntad. En primer lugar lo que sí desincentiva es la ayuda condicional que obliga a elegir entre oferta de trabajo o RGI. En semejante tesitura y considerando los actuales salarios reales y las verdaderas condiciones de trabajo en muchos casos de semi-esclavitud, mucha gente prefiere optar por la ayuda. En segundo lugar, sólo el control y gestión de la RGI supone un gasto enorme a la administración que la encarece brutalmente. En cambio la renta básica, al ser incondicional, permite tener un suelo de seguridad para vivir y buscar trabajo compatible con la ayuda. Es el caso, además, que todo el mundo aspira a vivir mejor, por lo que pensar en la renta básica como desincentivadora es irreal en la inmensa mayoría de los casos. Sin duda que habrá una minoría que tal vez elija no trabajar por un salario, pero siempre será un porcentaje mínimo considerando que a nadie le gusta tener ingresos bajos. Además, al ser incondicional no hay gastos de vigilancia y los de gestión son mínimos. La RGI exige poco más o menos el carnet de pobre, lo que pone en cuestión la dignidad a la que se refiere el citado artículo de los DDHH. La Renta Básica Universal no requiere que nadie muestre su pobreza ante la comunidad.

Vivimos en una sociedad de la robotización en la producción. Por lo que trabajo para todas las personas ni hay ni lo habrá. La renta básica selecciona de modo natural a quienes por encima de 600 euros (por ejemplo) desean ganar más y se lanzan al mercado de trabajo, y quienes se conforman con ese mínimo y quedan fuera del mercado de trabajo por voluntad pero con un ingreso mínimo. No debo ser tan frívolo y populista cuando la comisaria de la UE, Marianne Thyssen opina que en “el contexto de la transformación fundamental del mundo del trabajo, la renta básica es una propuesta que merece atención y estudio”. La comisaria tiene muy presente lo que en Finlandia se asume como una señal de alarma: la automatización de la fuerza laboral crece a toda velocidad en el siglo XXI. Y la primera consecuencia es la pérdida de empleos tradicionales que ahora, por un coste laboral cero, son desempeñados por máquinas. Finlandia ha decidido empezar a prepararse para el futuro, experimentando con nuevas redes de seguridad. El país nórdico será en 2017 el laboratorio mundial de lo que se ha bautizado como la Renta Básica Universal. ¿Los políticos finlandeses son populistas? ¿En qué quedamos, no miramos siempre hacia los países nórdicos como referencia de progreso? Holanda se prepara asimismo para una prueba similar en 2O17.

Es significativo que voces muy representativas de Silicon Valley, en el norte de California, donde se alojan muchas de las mayores corporaciones de tecnología del mundo abundan en la tesis de que la Renta Básica Universal se tiene que convertir en el estándar global a la velocidad de desarrollo del proceso de automatización. Y es que los intelectuales del actual capitalismo no son estúpidos: saben que vamos hacia un modelo de sociedad de apartheid que puede convertirse a la larga en una bomba de relojería. ¿Cómo lograr una cohesión social que de estabilidad y actué de contrapeso elemental de las desigualdades? Por eso, curiosamente, aunque desde diferentes principios y enfoques hay una coincidencia a favor de la renta básica entre progresistas y sectores neoliberales que corrigen su radicalidad.

Y es que las rentas mínimas garantizadas y condicionadas, que se pusieron en marcha hace casi 30 años han sido y son enfocadas como parches a un estado de bienestar incapaz de acabar con la pobreza que habita entre nosotros. Además, según la Encuesta de Pobreza y Desigualdades Sociales de 2014 del propio Gobierno Vasco, la RGI deja un 27% de familias sin poder acceder a ella, dada la gran cantidad de requisitos que condicionan esta prestación. Respecto a la viabilidad económica la Red Renta Básica propone dos premisas: se requiere una reforma radical del IRPF y que la renta básica elimine todas las demás prestaciones por debajo de 7.421 euros anuales que es el monto que propone.

En el Estado español, y desde luego en Euskadi, la creación de una renta básica ha entrado con fuerza en la agenda de algunas pocas formaciones políticas. Ellas, asociaciones y economistas que la promueven han hecho cálculos para demostrar su viabilidad. Yo no soy economista y no manejo cifras. Pero están publicadas y se pueden conocer. Lo mío es afirmar que la Declaración Universal de los Derechos Humanos si tiene que tener un precio que, por ejemplo, disminuya los gastos militares, que lo tenga. Se me puede responder que mi planteamiento no tiene rigor. Bien, yo respondo pidiendo rigor en la aplicación de los Derechos Humanos, que no pueden ser una mercancía.

Fuente: http://m.noticiasdegipuzkoa.com/2017/03/29/opinion/tribuna-abierta/derechos-humanos-y-renta-basica-universal