Como puede constatarse a lo largo de los últimos meses, la propuesta de la renta básica merece el interés de buena parte de los medios de comunicación. Hecho que puede ser más o menos significativo. Pero más importante es que ya mucha gente ha oído hablar de la renta básica. Por supuesto que hay confusiones y malentendidos. Y esto es un coste inevitable cuando una propuesta es conocida por gran parte de la población. Crece mucho el número de personas partidarias, como también crece aunque menos el número de contrarias. Los contrarios lo son unos por razones de principio, y los otros por razones de oportunidad. Y esta evidencia habla de la grandeza de la renta básica. Cuando históricamente ha habido grandes propuestas sociales que, una vez hechas realidad, han transformado el mundo, siempre ha habido opositores por razones de principio o por razones de oportunidad. Piénsese en la larga lucha por el sufragio universal, por ejemplo. O por la jornada de ocho horas.
Los contrarios por razones de principio son, claro está, de muy distinto tipo: liberales académicos y/o políticos, socialdemócratas, comunistas en sentido muy genérico, neoliberales, partidarios de la escuela austríaca (incluso hay quien ha escrito algún libro dedicado a argumentar contra la renta básica desde los principios liberales)… Los contrarios por razones de oportunidad son extremadamente variados en sus argumentos aunque hay algunos que son más reiterativos: “ahora no es el momento”, “hay que dar pasos previos”, “no hay que enfocarla directamente, vendrá por la puerta de atrás”,  “no hay dinero suficiente, pero más adelante lo puede haber”, “la gente no está preparada y puede producir divisiones entre la población”, “hay que priorizar el Estado de bienestar” –si es que tienen sentido estas palabras en contraposición a la renta básica-, “lo importante es el pleno empleo”, “es empezar la casa por el tejado”…
Otro hecho que puede constatarse últimamente es la cierta cantidad de lindezas y amabilidades dirigidas a los partidarios de la renta básica del tipo: “dogmáticos”, “cerrados”, “sectarios”, “radicales”, “recolectores de mitos y mantras”… Y cuando algunos partidarios de la renta básica contestan a una parte de estas críticas, resulta que son entonces tildados de “poco flexibles”, “contrarios a la crítica”, “especialmente cerrados”, “prepotentes” y bla bla bla. Resulta gracioso y hasta grotesco encontrarse con detractores de la renta básica que empiezan “no estoy en contra” o “no soy enemigo de la renta básica”… para inmediatamente explicar cualquier cosa que pretende mostrar lo mala o inconveniente o inoportuna que es. Hace cuatro días algunos de estos escribidores nos alertaban de la inutilidad y la incorrección de defender la renta básica. Y, ¡cómo no!, que era imposible de financiar. Ahora resulta que no son contrarios, pero escriben en contra. Quizás interesa más el mundano “plaudite, cives!” que ahondar teórica y políticamente en serio. Eso no debería extrañar a nadie. Forma parte de la normalidad estadística.
Sin Permiso ha editado 5 libros electrónicos sobre la renta básica. El último acabamos de hacerlo público hace poquísimos días. El primero se publicó en enero de 2013. Los cuatro anteriores han tenido una gran acogida entre nuestros lectores y nuestras lectoras. Quizás el quinto libro tenga un recibimiento aún mejor por la situación política y económica en que sale a la luz. Ojalá sea así. Recuérdese cómo estaba el conocimiento de la renta básica entre la población cuando se editó el primer libro hace cuatro años. Era mucho menor. Y quien se apreste alegremente sin meditación a atribuir esta explosión del conocimiento público de la renta básica, con el claro objetivo de restar el pequeño mérito que pueda corresponder a la Red Renta Básica y a Sin Permiso, a que un partido, Podemos, la presentó en su programa en las últimas elecciones europeas, bueno sería que conociese la pequeña (o gran) historia de la gestación del programa mencionado. O al menos de esta parte dedicada a la renta básica. Seguro que hablaría de forma más (o mucho más) prudente. En Vistalegre II, por cierto, la Renta Básica incondicional fue la propuesta más votada por la militancia.
Junto a la Red Renta Básica, Sin Permiso ha publicado centenares de materiales económicos, filosóficos, políticos… para ayudar a explicar y defender bien fundamentadamente esta propuesta. Y seguiremos haciéndolo. Mal les pese a los opositores a la renta básica tanto por razones de principio como por razones de oportunidad.Ofrecemos a continuación un breve dossier formado por cuatro materiales seleccionados de los muchos que han aparecido a lo largo de estos últimos días. Uno de ellos, el del catedrático de Genética Diego Llanes, está especialmente escrito para Sin Permiso. SP

 

La renta básica universal en el debate político de 2017

Diego Llanes Ruiz

 

Primero, es necesario que se generalice la convicción de que el modelo neoliberal fracasó (…) Segundo, es necesario explorar la imaginación social (…) Y tercero, es necesario recuperar una conversación pública seria, profunda, compleja.

Fernando Escalante

Al igual que el cambio climático, la desigualdad en nuestras sociedades, es una realidad indiscutible. Ambas cuestiones tienen además difícil solución si tenemos en cuenta que sus causantes últimos son el crecimiento económico y el progreso tecnológico imprescindible en el funcionamiento del capitalismo.

Todos los gobiernos dicen querer luchar contra la desigualdad y para ello disminuyen los impuestos a las capas de la población más favorecidas por el sistema económico, esperando que los beneficios que obtienen esos sectores reviertan a la sociedad en forma de empleos para toda la población. En un mundo con una producción de mercancías mundializada, estas medidas han favorecido el empleo precario que aumenta la desigualdad social y económica y lleva la pobreza a trabajadores del llamado primer mundo. La situación se hace insostenible y para prevenir posibles levantamientos sociales, los gobiernos, por un lado proponen subsidios para pobres a condición de que demuestren que lo son, y por otro fomentan la caridad a través de las ONG que la ejercen. Con este panorama, sectores de la clase trabajadora han perdido toda esperanza en un futuro mejor, con las consecuencias políticas que esto tiene. Los partidos políticos, que con sus políticas nos han llevado a esta situación, insisten en prometer nuevos programas educativos, junto a un no explicitado cambio del modelo productivo, medidas que de forma consciente o no responsabilizan a los perdedores y perdedoras de su fracaso.

La clase trabajadora de estas naciones, mayoritariamente masculina hasta ahora, concibe su presencia social y dignidad a través del empleo y la situación descrita la desplaza en la sociedad por lo que políticamente apoyará a cualquiera que le prometa devolverle su perdido papel en la sociedad. Esta clase trabajadora debe descubrir que el trabajo como gasto de energía, física o intelectual, ha estado siempre unido a la vida de nuestra especie, en tanto el empleo, o lo que es lo mismo la venta de la fuerza de trabajo por una cantidad de dinero en el mercado laboral, no es una ley natural en las sociedades humanas, y solo es importante en las relaciones establecidas en la sociedad capitalista. Dado que ahora el sistema económico es incapaz de ofrecer empleo en cantidad y calidad, la clase trabajadora especialmente la masculina debería desligarse de ese compromiso con el empleo y apoyar a aquellas alternativas político económicas que abandonan el imposible pleno empleo y la obligación de vender su fuerza de trabajo para poder vivir con dignidad y volver su mirada a las mujeres que afirman “trabajo nos sobra lo que nos falta es empleo y dinero”.

En este camino hacia un modelo económico distinto, están grupos y organizaciones de todo el mundo, que apuestan por una economía integrada en una sociedad que busque una “vida buena” y no el crecimiento económico. Entre ellas las hay que proponen una acción diferente a las ensayadas hasta ahora, nos referimos a los y las que pedimos la instauración de una Renta Básica Universal e Incondicional (RBU), que es un ingreso conferido por una comunidad política a todos sus miembros, sobre una base individual, sin control de recursos ni exigencia de contrapartida.

Los defensores de la RBU la vemos como una medida contra la pobreza, la exclusión o el desempleo. Sus críticos ven múltiples problemas a su aplicación, el primero, dicen, la imposibilidad de financiarla, y cuando se les demuestra que es posible, dicen que sería una medida que eliminaría otras conquistas del Estado del bienestar, cuando se les muestra que no es eso lo que proponemos, nos hablan de que la RBU favorecerá a los gorrones que no quieren trabajar, y hacen del trabajo (sin distinguir si remunerado o no) una  ley natural que debe cumplirse por todo ser que quiera considerarse humano, olvidando que en  la sociedad actual son muchos los seres humanos que viven de las rentas y por ello no pierden ninguna de las prerrogativas de los seres humanos, se nos culpa de no solucionar definitivamente los principales problemas de la sociedad, migraciones, machismo, guerras,…. Como si fuera posible una solución definitiva para cada uno de los problemas de las sociedades humanas.

Sin embargo cada vez son más las manifestaciones a favor de la RBU. Por el momento ningún partido cuyo ámbito sea el Reino de España la incluye en su programa, lo que considero un error dado que es necesario abrir el debate social a esta nueva medida, que da un nuevo impulso al Estado del bienestar especialmente cuando las medidas tradicionales no han surtido ningún efecto y llevan a las capas sociales más desfavorecidas a la pobreza y a la perdida de la dignidad que todo ciudadano o ciudadana por el mero hecho de serlo merece, con unas consecuencias políticas que nos asustan.

En cualquier caso una propuesta, como la RBU, que dice atacar a la raíz de las causas de la desigualdad económica y social, el desempleo y la desvalorización del trabajo humano, lo menos que se merece sería una reflexión seria.

Fuente: www.sinpermiso.info, 12-2-17

 

Renta básica Universal: de lo inevitable a lo posible (y III)

Carmen Lizárraga

En este tercer y último artículo sobre renta básica universal, le voy a cambiar el apellido, de universal, a incondicional, Renta Básica Incondicional (RBI), para que no haya dudas sobre “la renta básica de la que estoy hablando”. De esa que recibirían todos los individuos sin condiciones. Un ingreso periódico transferido a toda la ciudadanía, de carácter universal y sin exigencia de contrapartida. Y me centraré en diversas críticas a la RBI, diferentes de su financiación, tratada en el artículo previo.

Una de las críticas o miedos a la RBI es que mucha gente dejará de trabajar. El miedo a que la gente deje su empleo remunerado será para quienes tienen un empleo remunerado. En Andalucía, hay un millón de personas que lo buscan y no lo encuentran, así que esa visión resulta algo elitista y está pensada desde el mundo “las cosas están bien así y para qué las vamos a tocar”. ¿Con la RBI habría personas que no desearían trabajar de forma remunerada en empleos precarios, temporales e inciertos? Sí, las habría. Bienvenidas esas personas que tendrían capacidad para decir “no deseamos ser explotadas ni precarizadas porque ha aumentado nuestra capacidad de negociación”. Ya está bien.

Por otra parte, decir que la gente va a “dejar de trabajar”, es pensar en una lógica patriarcal del trabajo ligado a la producción de mercado. Mi abuela, que nunca fue asalariada, se hartó de trabajar, crio 3 hijos y 3 hijas en condiciones económicas muy regulares, cocinó todos los días, varias veces al día. Nunca tuvo vacaciones. Sus jornadas eran de 24 horas los 365 días del año. Tenía un trabajo garantizado. El miedo a que la gente deje de trabajar solo puede venir de una idea dualista producción-reproducción; del miedo a que dejemos de producir.

¿Realmente tenemos un problema de producción? Tengo el convencimiento de que el enfoque neoclásico de la Economía, dominante hoy en día, ha fracasado para resolver los problemas de la satisfacción de las necesidades materiales de la población. Se guía por principios que dan lugar a una reconocida desigualdad creciente que pone en peligro nuestro sistema de convivencia. El problema de nuestras economías no es de oferta. Hay sobrada capacidad productiva en el planeta, cada vez mayor. Lo hemos conseguido. No existe escasez de alimentos. De hecho, se tira comida en buen estado todos los días. El problema no es la capacidad productiva, sino la capacidad distributiva.

Aunque una parte del pensamiento feminista defiende la RBI, hay feminismos que sostienen que un ingreso periódico encerraría a las mujeres en casa y las retrotraería a las tareas domésticas y de cuidados. En este sentido, me gustaría hacer dos puntualizaciones. En primer lugar, ese argumento me recuerda a la negativa de la izquierda a otorgar el derecho de sufragio a la mujer en 1931 porque nuestra preparación social y política era insuficiente debido a la influencia de la Iglesia y los partidos conservadores y que, por tanto, no podíamos votar responsablemente. Estoy con la valiente Clara Campoamor y repetiría hoy en día la pregunta que ella se hizo “¿De qué se acusa a la mujer? ¿De ignorancia?”. La segunda, es que para evitar que la mujer quede relegada a tareas domésticas, reproductivas y de cuidados, la RBI tendría que venir, sí o sí, acompañada de políticas que modifiquen redistribución de los tiempos de trabajo de cuidados y que pongan en cuestión los actuales modos de producir y vivir. Tendría que venir de la mano de una financiación que fortalezca los sistemas públicos de educación, salud y servicios sociales, incorporando las aportaciones del ecologismo y del feminismo.

La RBI es una herramienta tan potente que, bien acompañada por políticas que fortalezcan los derechos sociales y laborales, permitiría establecer un límite por abajo en un mundo que, hoy en día, nos deja empobrecernos hasta el infinito. La desgracia económica no es algo natural y el principal trabajo de economistas debería ser combatirla. Se puede combatir de forma colectiva, igual que se combaten la enfermedad, el analfabetismo. Igual que hemos combatido los desahucios. Si a largo plazo todos estaremos muertos, como reconocía Keynes, y no solo la especie humana, no tenemos tiempo. Ni tiene tiempo el planeta para el necesario cambio de lógicas productivas, ni tienen tiempo las personas que se encuentran en una situación de emergencia material que requieren soluciones inmediatas.

Hay quien dice que la RBI no acabaría con la pobreza porque el umbral se sitúa en una renta igual al 60% de los ingresos medianos del país y que siempre habría alguien viviendo por debajo de esa línea estadística. Sería deseable que, una vez implantada la RBI, dejáramos de contar y clasificar el número de pobres y nos dedicáramos a demostrar que la pobreza se puede eliminar. Tal vez dejaríamos de ser economistas del fracaso, en la Economía de la resignación porque existirían límites por abajo y para salvaguardar el planeta en que vivimos, por las generaciones futuras y por las presentes.

 

http://www.granadadigital.es/renta-basica-universal-de-lo-inevitable-a-lo-posible-y-iii/

 

Una Renta Básica para avanzar en la igualdad de género

Paula Moreno y Alberto Tena

 

Por diferentes razones desde hace unos meses hemos recuperado el debate sobre la propuesta de Renta Básica. Para sorpresa de muchos, esta obtiene los apoyos tanto de los economistas del FMI y los multimillonarios gurús de Silicon Valley como de los sectores que más ponen en valor el anticapitalismo de sus propuestas o los que más defienden la necesidad de garantizar un futuro a los Estados de Bienestar. Aunque sus críticos tampoco son pocos y también son transversales a todo el arco ideológico, es probable que la idea de algún tipo de RB resulte central en el desarrollo de los debates sobre la deseabilidad de determinadas políticas y que no debamos desaprovechar la oportunidad de ir marcando las claves de su desarrollo.

En el momento en que nos encontramos es muy importante definir qué Renta Básica queremos para que pensemos cómo diseñarla. En este contexto nos gustaría ofrecer algunos argumentos sobre cómo se está produciendo el debate sobre la Renta Básica desde la perspectiva de la economía Feminista, desde donde se han presentado ya toda una serie de críticas más que razonables a los límites de una propuesta de este tipo. Creemos que es fundamental empezar a plantear en qué medida la RB podría ser una herramienta para modificar el orden de género establecido, donde las tareas de cuidado siguen siendo asumidas tanto en tiempo como en carga de trabajo por mujeres. Defendemos una redistribución radical de la renta, como es una RB, pero entendemos que tiene que ir acompañada de una redistribución de los tiempos de trabajo reproductivo y de cuidados, y una redistribución de las oportunidades.

Lo primero es aclarar la especificidad de la propuesta de RB con respecto a otras propuestas de transferencias de renta: a) Esta es individual: no es la familia sino las personas las que son titulares de este derecho; b) Es universal: no depende de la contribución individual y es para todas las personas; c) Es incondicional y, por lo tanto, no sujeta a contraprestación y d) Es equitativa: todo el mundo recibe la misma cantidad y esta debe ser de una cantidad suficiente para cubrir las necesidades básicas. Este último punto obviamente tiene que ver con el derecho específico –todo el mundo tiene derecho a la misma cantidad de renta básica– pero en la práctica cualquier modelo de financiación implica ganadores y perdedores netos. Y esto es un primer punto importante en la perspectivas que manejamos: si se tiene en cuenta que la mayor parte de los desempleados, precarios y pobres son mujeres, con un buen diseño de financiación, sucedería prácticamente seguro que ellas serían las principales ganadoras en la implantación de la RB, suponiendo una transferencia importante redistributiva de la población masculina a la femenina. Lo que implica mejorar las condiciones materiales de muchas mujeres y mejorar su capacidad de elección.

Es importante subrayar que en la concepción teórica de la RB hay una gran insistencia en separar, de manera clara, la idea de trabajo como cualquier actividad humana que lleva haciéndose a lo largo de la historia y el empleo como la condición concreta en la que este ha articulado el trabajo a cambio de un salario. De manera global, las horas de trabajo no pagado son muchas más que las que se dedican a un trabajo remunerado (empleo), pero sin embargo, en la construcción de nuestros modelos políticos siempre se ha considerado al empleo como la vía de acceso a los derechos de ciudadanía. La Renta Básica debería ser un paso claro hacia la necesidad de garantizar una vida digna más allá de los derechos derivados de la esfera del empleo, no sólo por una cuestión ética y de justicia, sino porque hay mucho trabajo que es fundamental para el sostenimiento de la vida. Trabajo invisible, no reconocido, no valorado y con rostro femenino. Cuando las líneas de aumento de la productividad y de salarios son cada vez más divergentes y el reparto de la riqueza es cada vez más desigual es fundamental empezar a subrayar que hay una gran cantidad de trabajo que realizamos y cuyos beneficios (monetarios o no) no se reparten. El ejemplo que siempre se pone es el trabajo gratuito que realizamos para Facebook cada día, cuyos beneficios monetarios se quedan pocas personas, pero la economía feminista lleva años poniendo de relieve la ingente cantidad de trabajo doméstico y de cuidados que sostiene todo el sistema económico. La RB camina en la dirección de acabar con el trinomio empleo-renta-ciudadanía, característico de los Estados del Bienestar tradicionales y es nuestra tarea reconocer otros trabajos, como es el trabajo reproductivo y de cuidados, como trabajos que merecen reconocimiento social, pero también que se repartan los tiempos dedicados a ellos.

Otro argumento interesante, y que se ha sacado menos a relucir, es la importancia que tiene en clave de igualdad de género que la prestación sea individual. Esta aumentaría la capacidad de negociación en el mercado de trabajo por un lado, pero también en la unidad de convivencia familiar. La mayor parte de prestaciones se dan atendiendo al hogar como unidad fundamental, asentándose en los argumentos de las economías de escala, pero generando una condicionalidad perversa en torno a la posibilidad de un cambio en la estructura de la familia. Al ser una prestación individual aumentaría el grado de autonomía de muchas mujeres, cuya dependencia del salario de su pareja sigue siendo un problema, y ampliaría la libertad de tomar la decisión de romper el vínculo familiar al no ir acompañado de una contrapartida de pérdida de ingresos.

La economía feminista nos pone el foco además en otra cuestión: la división sexual del trabajo genera un efecto espejo de desigualdad en el sistema de pensiones y de seguridad social: las mujeres tienen peores pensiones contributivas, y son muchas más las que cobran las no contributivas, y lo mismo sucede con las prestaciones por desempleo. Esto es debido a que, por norma general, las mujeres tienen muchísimas más cortapisas (desigualdad de oportunidades) para generar derechos vinculados al empleo. La RB se mueve en la lógica de romper este dualismo entre derechos adquiridos en el mercado de trabajo o por contribución a las arcas públicas y los que no. La individualización de la prestación implica una visión antifamilia tradicional (la mujer como ama de casa y el marido como ganapán) que poco tiene que ver además, ya, con una realidad mayoritaria y es unas de las reivindicaciones de la agenda feminista.

La individualización implica conceder más independencia económica a los individuos no condicionándolos a su estructura familiar y por lo tanto debería servir para aumentar la independencia de las mujeres dentro del hogar.  Esto se ha visto en algunos de los experimentos piloto de Renta Básica como los de India o Namibia, donde se evaluaban indicadores vinculados al empoderamiento de la mujer y de mejora específica de salud física y mental respecto a la de los hombres y se podía ver la mejora significativa de estos. Aun siendo contextos completamente distintos es importante ver las evidencias empíricas de las que disponemos.

A pesar de todos estos argumentos que vendrían a confirmar la deseabilidad de una RB para mejorar la igualdad de género, el principal motivo para no ser del todo optimista de los efectos de esta en la división sexual del trabajo de cuidados y reproductivo es que no parece que genere un incentivo claro para que los hombres ejerzan estos trabajos. Más allá de liberarles tiempo, no es muy claro que fuera a darse una redistribución de los tiempos de trabajo de cuidados.

El otro gran riesgo que tiene la RB es que para su financiación se quieran eliminar o mermar los sistemas de protección social, lo cual eliminaría todos los beneficios anteriormente mencionados. Hay que evitar que una RB sea una manera de descargar la responsabilidad de los cuidados y de todos los trabajos vinculados a la economía reproductiva al colectivo hacia las mujeres. Por lo tanto las condiciones para que la implementación de una RB funcione son que debe ir acompañada de una profundización del Estado de Bienestar, con blindaje presupuestario de las partidas que consideramos fundamentales: educación, sanidad, servicios sociales y financiación suficiente de la ley de dependencia (39/2006). Pero también es necesario, desde el Estado de Bienestar, la financiación de  políticas públicas que ayuden a la socialización del cuidado y del trabajo reproductivo; como los permisos parentales iguales e intransferibles, la extensión universal del derecho a la educación de 0 a 3 años o medidas que ayuden a la conciliación y la corresponsabilidad mediante la flexibilización de los horarios laborales.

Pero a pesar de todo esto consideramos que es fundamental que desde la perspectiva feminista se valore una medida como la RB, que tiene en su núcleo la idea de ir más allá de la ética del trabajo tal como la conocemos. Una ética que ha sido la articuladora del modelo de familia tradicional y en torno a la cual se ha construido la mayoría de los derechos vinculados a nuestros  Estados de Bienestar.

http://ctxt.es/es/20170208/Firmas/10975/Renta-basica-estado-bienestar-ig…

 

“La mayoría de los sindicatos no han sido capaces de responder a las necesidades y aspiraciones del precariado”. Entrevista

Guy Standing

 

¿Podría una renta básica universal, financiada por el Estado, eliminar la pobreza? Al profesor Guy Standing, uno de sus más firmes partidarios, no le cabe duda. Además de profesor de Economía en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, Standing es cofundador de la red en defensa de una renta básica universal, Basic Income Earth Network. En su libro publicado en 2011, The Precariat: The New Dangerous Class (El precariado: la nueva clase peligrosa), culpa a la globalización de la aparición de una clase social sin estabilidad laboral. En esta entrevista con Equal Times explica las razones por las que tiene sentido ofrecer una renta básica.

 

¿Por qué es necesaria una renta básica en regiones desarrolladas como Europa?

 

Es fundamental establecer en Europa una renta básica, debido al avance del precariado. Nuestro sistema de protección social actual no llega al precariado. El sistema sepulta a la gente en la espantosa trampa de la pobreza. La trampa de la pobreza aboca a quien que pasa de percibir un subsidio estatal a ocupar uno de los empleos mal pagados disponibles para el precariado —en muchos países europeos y en otros lugares del mundo— a afrontar, de hecho, un tipo impositivo marginal alto, teniendo en cuenta la pérdida de la prestación estatal por ocupar un empleo retribuido. En otras palabras, la gente que pertenece al precariado pierde prestaciones y gana muy poco por trabajar. Esta es una razón de peso para que los sindicatos se replanteen su enfoque hacia la renta básica. La renta básica para la ciudadanía eliminaría la trampa de la pobreza, porque la recibiríamos por derecho.

 

¿Qué repercusiones tendría una renta básica para los sindicatos?

 

Siempre fui partidario de los sindicatos y siempre lo seré, porque sin entidades colectivas que nos representen, todos somos vulnerables. Sin embargo, la mayoría de los sindicatos acabaron siendo demasiado laboristas en la segunda mitad del siglo XX y no han sido capaces de responder a las necesidades y aspiraciones del precariado. Los líderes sindicales se encuentran entre quienes se oponen con más vehemencia a la renta básica. Es algo que siempre me ha parecido triste. Una vez, asistiendo a una gran escuela de verano, pregunté a un grupo de dirigentes sindicales las razones de su oposición. Uno de ellos me respondió si los trabajadores tenían garantizado un ingreso básico no se afiliarían a los sindicatos. Es un argumento nefasto. Afortunadamente, también es erróneo. Si la gente tiene garantizado lo básico, hay más probabilidades de que se afilien a los sindicatos, porque cuanto más confianza, más dispuesta estará a asumir el riesgo de afiliarse. Quienes están sumamente inseguros no se atreven a protestar.

 

¿Cómo afectaría una renta básica a la lucha por un salario mínimo?

 

Yo defiendo que la renta básica sea un derecho, independiente de la condición laboral o de las contribuciones a la seguridad social. Es distinto de un salario mínimo. En los sistemas de trabajo muy flexibles, el salario mínimo ya no es garantía de seguridad para todo el mundo. Es un imperativo moral, pero no podemos esperar demasiado de ello. El salario mínimo era un instrumento adecuado en la sociedad industrial, en la que las personas ocupaban empleos a largo plazo en la producción en serie, pero esto cada vez ocurre menos. Los agentes de trabajo pueden manipular fácilmente el salario mínimo. De hecho, pretenden que se trabajen más horas y, por lo tanto, es una herramienta engañosa. No es que yo esté en contra del salario mínimo, es que no lo considero un instrumento poderoso en el sistema actual.

 

¿Cómo puede funcionar la renta básica en el mundo en desarrollo?

 

La idea de avanzar hacia la renta básica en el mundo en desarrollo también es factible y asequible. Hay proyectos piloto en India y África que están demostrando que si las personas reciben una renta básica es más probable que trabajen y tienden a ser más productivas cuando lo hacen. Porque cuando la gente tiene más seguridad, se muestra más cooperativa, más productiva y menos resentida.

 

¿Cómo puede la renta básica ayudar a alcanzar los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para eliminar la pobreza extrema antes de 2030?

 

Si quienes hablan de los ODS son honestos, todo el mundo debería tener una renta básica si se lo puede permitir. En las Naciones Unidas se habla de un mínimo de protección social universal. Muchos de los documentos de la ONU que leo son banales porque no dicen cómo se va a ofrecer dicho mínimo. Dejan abierto si se logrará mediante “objetivos” a través de la asistencia social. Este es el enfoque que defiende el Banco Mundial desde hace más de dos décadas.

A estas alturas, hablar de establecer objetivos es francamente deshonesto. Los documentos dejan también abierta la posibilidad de que el apoyo a los ingresos esté condicionado a ciertos tipos de comportamiento. Pero esto es una intrusión en las libertades. Es paternalista y aboca en la coerción y en los subsidios de desempleo con contraprestación laboral (workfare), a los que los sindicatos se oponen vehementemente. Además, fuerza los salarios a la baja.

Los sindicatos no se han opuesto lo suficiente a los subsidios de desempleo con contraprestación laboral, tal vez porque las personas a las que afecta no están sindicalizadas. Suelen ser jóvenes que acaban de entrar en el mercado de trabajo, obligados a desempeñar empleos de poca monta por ganancias de poca monta. Los sindicatos deben centrarse en identificar los mecanismos que permiten aumentar la seguridad del precariado. Los subsidios de desempleo con contraprestación laboral consiguen justo lo contrario.

 

¿Podría la renta básica abordar la crisis migratoria?

 

Sí, porque los Estados del bienestar han optado por que las prestaciones dependan de los recursos. Es decir, que en la fila para recibir prestaciones tienen prioridad los más necesitados. Pero también significa que los migrantes, que están entre los más necesitados, pueden parecer situados los primeros de la fila de las prestaciones. Lamentablemente esto está provocando mucho resentimiento entre las comunidades de la clase trabajadora.

Si, en lugar de ello, cada ciudadano y ciudadana tuviera derecho a una renta básica, no llegaríamos a esa situación. Se podría decir ‘lo sentimos, nuestra prioridad es ofrecer una seguridad básica’ y, a continuación, los migrantes legales comenzarían a recibir prestaciones después de estar en el país durante un cierto periodo de tiempo. Es una medida pragmática, pero hay que dar legitimidad al sistema y tener en cuenta la asequibilidad.

 

¿Y con qué se pagaría la renta básica?

 

Fácil. Por ejemplo, sustituyendo la renta básica por otras prestaciones. La renta básica y los complementos para necesidades especiales, personas discapacitadas, ancianos. Los sindicatos deberían hacer campaña para convertir la inmensa cantidad de dinero con que los gobiernos están subsidiando a las empresas. Las desgravaciones fiscales a los ricos pueden pagar la renta básica.

En Europa, el Banco Central Europeo anuncia que va a inyectar un billón de euros a los mercados financieros, que irán a parar a bancos e instituciones financieras, a interés cero, para que puedan invertir y conseguir grandes beneficios. Con ese billón de euros se puede dar a todo el mundo una renta básica. De hecho, se trata de una renta básica para los financieros.

Cualquiera que diga que no puede permitirse ofrecer una renta básica peca de ingenuidad o de prejuicios ideológicos.

 

¿Así que su renta básica eliminará la llamada sociedad dual?

 

Como argumento en mis libros sobre el precariado, estamos presenciando el aumento de una estructura de clases mundial en la que hay más de una sociedad dual. La renta básica distribuiría los ingresos y fortalecería la posición de negociación de quienes están en el precariado, les permitiría dedicar más tiempo a empleos de utilidad, en lugar de a empleos mal pagados, que consumen recursos. Además, alteraría la dinámica del sistema económico. Una política, por sí sola, no es la panacea. Por ello, la propuesta de Carta del Precariado tiene 29 artículos; la renta básica es sólo uno de ellos, aunque de los esenciales, porque creemos que todo el mundo en nuestra sociedad debería disfrutar de la seguridad básica que le permita construir y mantener su vida, y queremos reducir las desigualdades y promover la libertad personal.

https://www.equaltimes.org/la-mayoria-de-los-sindicatos-no?lang=en#.WJyW…

 

es catedrático de Genética de la Universidad de Córdoba. Ha sido miembro del Consejo Asesor de Ciencia y Tecnología de Andalucía, en representación del sindicato Comisiones Obreras (1996-2004). Participó en el Informe Universidad 2000 en el ámbito de investigación. Miembro de la Plataforma por la RBU de Córdoba.
Feminista, economista y miembro de la Secretaría de Economía de Podemos
Politólogo especializado en Políticas Públicas y Sociales. Actualmente trabaja como técnico en el Congreso de los Diputados para el Grupo Confederal Unidos Podemos-En Comú Podemos- En Marea.
profesora de Economía en la Universidad de Granada. Ha dedicado parte de su investigación a estudios de desarrollo. Actualmente preside el grupo parlamentario Podemos Andalucía y es portavoz en Economía y Hacienda.
profesor de la Universidad de Londres que ha trabajado más de treinta años para la OIT. Es miembro fundador de la Basic Income Earth Network (BIEN)