Esta semana nos hemos encontrado con titulares como “Finlandia da por finalizado el experimento de la renta básica para probar otros esquemas” o “Finlandia renuncia a su experimento de renta básica”.

Y es verdad que Finlandia va a dar por finalizado el proyecto piloto de renta básica, pero ¿cuándo lo va a dar por finalizado? Al leer los titulares, podría parecer que las personas beneficiarias del proyecto piloto, ya en mayo no recibirían la renta básica. Pero no, hemos de tener claro que su finalización no va a ser ipso facto, aquí y ahora.

A veces parece que se nos olvida, pero el proyecto piloto que se puso en marcha en Finlandia tiene una duración de 2 años. Y este plazo, llega a su fin. Y así lo ha hecho saber “KELA”, el Instituto de Seguridad Social finés encargado de la gestión y evaluación del proyecto piloto ante estas informaciones falsas que se están propagando estos últimos días.

Según un comunicado publicado el 25 de abril de 2018 por este organismo, “ha habido informes incorrectos en los medios de comunicación sobre el proyecto finlandés de renta básica incondicional. El experimento se ejecutará hasta el final de 2018. Es decir, según lo planeado desde un principio.”

Añaden que “muchos medios de comunicación internacionales han publicado historias que alegan que Finlandia va a suspender su experimento de ingresos básicos. Sin embargo, esta información es incorrecta”.

En palabras del propio profesor Olli Kangas, líder del equipo de investigación de KELA (Instituto de Seguridad Social de Finlandia), “el experimento avanza según el plan y continuará hasta finales de 2018″.[1]

Sin ser periodista pero con un poco de rigor, realismo e interés por el tema que se está tratando, diría que los titulares antes citados deberían ceñirse un poco más a la realidad. Por poner un ejemplo, éste podría quedar así: “Finlandia dará por finalizado el proyecto piloto de Renta Básica cuando éste llegue a su fin en diciembre de 2018”.

A raíz de estos envenenados titulares, no les ha faltado tiempo a los y las detractoras de la renta básica para salir y decir que el proyecto piloto se da por finalizado debido al fracaso del mismo. Tenemos el ejemplo de Daniel Lacalle que afirmaba en un tweet que se ha dado el “fracaso de un experimento que demuestra lo evidente: es un desincentivo al trabajo e inviable.”

De hecho, este tweet de Daniel Lacalle llegó a cruzar el charco cuando fue citado por el ex-presidente del Gobierno de México, Felipe Calderón (2006-2012), quien manifestaba: “Finlandia […] cancela programa piloto de renta básica universal. Reconoce que es imposible de financiar. Sólo un demagogo o ignorante de la realidad económica, o las dos cosas, puede proponerlo”.

En la misma línea podíamos leer a Juan Ramón Rallo, el primero en salir a la palestra cuando se publica alguna novedad morbosa (ya sea falsa o no, tergiversada o no) respecto a la renta básica, que publicaba un artículo en La Razón titulado “Finlandia dice “no” a la renta básica”.

Con esta demagoga realidad, tuvo que ser la Embajada de Finlandia en España quien escribiese una nota de prensa aclaratoria (“El experimento de la renta básica en Finlandia sigue hasta finales de 2018”) y un tweet que evidencian la falta de seriedad de ciertos tweets y titulares.

Una vez aclarado este intencionado malentendido por parte de medios y personas particulares que solo buscan carnaza, cabe añadir que son numerosos los países y las regiones donde actualmente se están llevando a cabo otros proyectos piloto de renta básica, están a punto de ponerlos en marcha o están analizando cómo realizarlos. Es verdad que el proyecto finés está en el foco de la mayoría de medios de comunicación mainstream, pero no por ello podemos obviar que mientras Finlandia en diciembre escribirá un punto y aparte (o seguido, esto aún está por ver…) existen múltiples diarios que aún se están escribiendo o están por escribir. Así, por citar algunos ejemplos daré una breve descripción de cómo se encuentran las crónicas en Barcelona, Canadá, Holanda y Escocia.

En Barcelona el B-Mincome ya está en marcha. Un proyecto piloto de 17 millones de euros llevado a cabo por el Ajuntament de Barcelona y cofinanciado por el programa Urban Innovative Actions (UIA) de la Unión Europea[2]. Este proyecto piloto consiste en proporcionar a 1000 hogares seguridad, libertad y mayor responsabilidad como palanca para superar la pobreza. En este sentido, el objetivo de este programa que otorgará a 450 hogares una prestación incondicional, es mejorar la situación socioeconómica de estos hogares (especialmente su empleabilidad y capacidad de generar ingresos alternativos) y evaluar el impacto que los diferentes diseños de políticas públicas pueden generar en la capacidad de los hogares para fortalecerse (tanto individual como colectivamente) y abandonar la vulnerabilidad y la dependencia de los recursos públicos o privados para cubrir sus necesidades básicas. Estas 450 prestaciones incondicionales (concedidas como una renta básica) serán comparadas con otras 550 prestaciones que se otorgarán de manera condicionadas a la realización de cuatro políticas activas diseñadas para lograr la integración sociolaboral de las personas beneficiarias.

La primera de las políticas activas, dirigida a apoyar a 150 hogares, es un programa de formación y planes de empleo municipales para proyectos de interés colectivo para personas en edad laboral y desempleadas registradas en el Servicio de Empleo de Cataluña y serán coordinadas por Barcelona Activa.

La segunda de las políticas activas, dirigida a apoyar a 100 hogares, es un programa para la promoción del cooperativismo, la economía social y solidaria a través de la implementación de planes colectivos de emprendimiento social.

La tercera de las políticas activas, dirigida a 24 hogares propietarios (L. Torrens 2018, comunicación personal), es un programa de renovación de viviendas. El programa de renovación de viviendas dotará a los propietarios con la posibilidad de alquilar habitaciones permanentemente y obtener un mayor rendimiento que podría mejorar sus ingresos disponibles.

Por último, pero no por ello menos importante, la cuarta de las políticas activas, dirigida a los miembros de 276 hogares (L. Torrens, 2018, comunicación personal), es un programa de participación comunitaria que apoyará a las personas a participar en actividades comunitarias, proyectos colectivos o proyectos de interés común.

El B-Mincome comenzó en octubre de 2017 y tendrá una duración de dos años (con suerte, en 2019 no se escribirá que este proyecto piloto ha fracasado y que Barcelona lo da por finalizado).[3]

En cuanto a Ontario (Canadá), el pasado martes 24 de abril se comunicó que ya se había completado con éxito la fase de inscripción del proyecto piloto que en las localidades de Lindsay, Hamilton Brantford y Brant Country y Thunder Bay se está llevando a cabo. Este proyecto piloto tiene una duración de tres años y está destinado a proporcionar una renta básica a más de 4000 personas que viven con bajos ingresos.

En palabras de Michael Coteau, Ministro de Servicios Comunitarios y Sociales de Ontario, “estamos escuchando que los primeros participantes experimentan menos estrés y ansiedad sobre cómo pagar sus cuentas y disfrutar de una vida mejor”.

En Ontario se lanzó el proyecto piloto de renta básica en abril de 2017 y con la fase de inscripción ya completa, se comenzará a examinar cómo una renta básica podría ayudar a ampliar las oportunidades y las perspectivas laborales a la vez que ayuda a las familias a cubrir sus necesidades básicas como vivienda y alimentación.

Tal y como también afirmaba el Ministro de Vivienda de Ontario y Ministro Responsable de la Estrategia de Reducción de la Pobreza de Ontario, Peter Milczyn, “ahora podemos comenzar el importante trabajo del estudio y probar este nuevo enfoque para apoyar a las personas que viven con bajos ingresos. Este piloto es una parte clave de nuestro trabajo para probar nuevas formas de reducir, prevenir y acabar con la pobreza en esta provincia”.[4]

En Holanda fueron los municipios de Groningen, Wageningen, Tilburg, Deventer y Ten Boer quienes tomaron la iniciativa y recibieron en julio de 2017 el permiso del Ministerio Holandés de Asuntos Sociales y Empleo para proceder con los experimentos de renta básica propuestos de dos años de duración.

Sin embargo, actualmente ya son 7 los municipios que están llevando a cabo experimentos de renta básica en el país de los tulipanes. Además, también hay que señalar que existen municipios altamente decepcionados por las restricciones que el Ministerio de Asuntos Sociales y Empleo les ha planteado a la hora de elaborar los experimentos. Un municipio, de hecho, decidió ignorar esas restricciones: Amsterdam. Y como sucede a menudo, éste decidió determinar su propio curso.

En Holanda se da la paradoja de que el mismo partido político mantiene distintas posiciones dependiendo del municipio. Por ello, no se puede saber de antemano quién está en contra y quién está a favor.

Por poner algún ejemplo, el Partido Laborista local en Nijmegen es un firme oponente del experimento, mientras que en Leeuwarden está sólidamente a favor. En muchas ocasiones, ha sido la izquierda verde quien ha tomado la iniciativa, pero otras veces han sido más cautelosos, como puede ser el caso de Wageningen.

En la mayoría de los casos los liberales sociales de D66 están posicionados junto con la izquierda verde. Y existen lugares, como en Tilburg, donde la iniciativa ha venido del partido demócrata cristiano CDA.

Pero a diferencia de otro países (como puede ser Finlandia), en general, son los partidos progresistas de izquierda los que impulsan estos experimentos de Renta Básica en Holanda, con los liberales del VVD (Partido Popular por la Libertad y la Democracia) en contra en la mayoría de las veces.[5]

Finalmente, me gustaría recordar el caso de Escocia. 4 localidades ya se enfrentan a la tarea de convertir la renta básica de fantasía utópica a realidad contemporánea mientras construyen los primeros esquemas piloto en el Reino Unido. Cuentan con el apoyo de una subvención de £ 250,000 anunciada por el gobierno escocés y el apoyo explícito de Nicola Sturgeon (Primera ministra escocesa).[6]

En septiembre de 2017, el gobierno escocés anunció en su Programa de Gobierno que apoyaría las áreas de las autoridades locales para explorar un esquema de Ingresos Básicos para la Ciudadanía (proyectos piloto de renta básica) estableciendo un fondo para ayudar a las áreas a desarrollar más sus propuestas y establecer pruebas adecuadas. La cantidad de fondos ofrecidos es de £250,000. Fondo que complementa las partidas ya comprometidas por las áreas de las autoridades locales.

Si bien los planes se encuentran en una etapa inicial, se acordó que cuatro autoridades locales explorarán la viabilidad de proyectos piloto. Estas autoridades son el Ayuntamiento de Edimburgo, el Consejo Fife, el Ayuntamiento de Glasgow y el Consejo North Ayrshire. Las cuatro áreas han trabajado conjuntamente para preparar y presentar una oferta conjunta al Fondo de Viabilidad de Ingresos Básicos para marzo de 2018.

En cuatro autoridades locales existe un interés común en la reducción de la pobreza y la lucha contra la desigualdad, y el papel que un ingreso básico podría tener en esto. Cuatro autoridades locales interesadas ​​en explorar la viabilidad de emprender pilotos locales de renta básica en Escocia y ​​en comparar y contrastar modelos en diferentes áreas, así como en compartir el aprendizaje y la evaluación.

La planificación de la evaluación será una parte integral del trabajo de factibilidad. NHS Health Scotland (el sistema de salud público de Escocia) apoyará a las cuatro autoridades locales para desarrollar un marco de evaluación común dentro del cual evaluar los resultados de los cuatro proyectos piloto locales de Escocia.

Las autoridades locales involucradas producirán un informe para el gobierno escocés sobre los resultados del trabajo de factibilidad para septiembre de 2019. Se espera que la progresión de los experimentos, más allá de la fase de diseño, tome la forma de proyectos piloto de dos o tres años con el fin de que los resultados de los mismos se utilicen para adecuar la política social y económica nacional.[7]
Como vemos, el debate está encima de la mesa y los proyectos piloto, más presentes que nunca. El Gobierno de Finlandia no ha cambiado las reglas del juego tal y como hemos podido constatar en este artículo por mucho que les pese a los medios de comunicación. El proyecto piloto finés llegará a su destino en diciembre de 2018. Tal y como estaba previsto.

Desde un principio éramos conscientes de que dos años no son suficientes para medir los efectos que una renta básica pueda tener, como tampoco lo es ningún proyecto piloto en sí mismo. Porque, que nadie se llame a engaño con los proyectos piloto, pues todos tienen ciertas limitaciones comunes que trataré de explicar muy brevemente a continuación.

La primera es su limitación en el tiempo. Esto implica que las personas que toman parte en los experimentos se comporten de forma diferente cuando la duración es, digamos, de 2 años o para toda una vida. Por ello, un experimento nunca va a ofrecer la seguridad material que dote de libertad a la ciudadanía a lo largo del tiempo.

La segunda limitación es que para los proyectos piloto se utiliza una muestra. Una muestra que, además, no es significativa y ni generalizable al total de la población. Una muestra sesgada y saturada, corregible en cierto grado, pero en la cual, gran parte de la población queda fuera. También hay que tener en cuenta que esta muestra puede llegar a estar viciada debido a comportamientos de personas ajenas a los experimentos, como pueden ser los periodistas.

La tercera es que nunca se podrá incluir en la muestra a las personas que sean contribuyentes netas al sistema.

La cuarta es que no es observable el efecto que una renta básica pudiera tener sobre el mercado laboral. En un proyecto piloto el poder de negociación no aumenta significativamente, por lo no se pueden apreciar ciertos efectos que con una renta básica integral pudieran observarse en el mercado laboral. Efectos no observables que son especialmente importantes para algunos defensores de la RB como el poder de negociación de los trabajadores frente a los empresarios, y el poder de negociación también de muchas mujeres para liberarse de sus maltratadores con los que aún conviven y de los que actualmente no son capaces de desvincularse porque muchas responden “de qué vamos a vivir”.

La quinta y, en este artículo, última limitación que citaré, es que los proyectos piloto tienen efectos impositivos nulos. Los proyectos piloto se financian a través de ayudas, a través de partidas en los presupuestos o mediante donaciones. Esto hace que no se pueda observar la reforma fiscal necesaria para financiar una renta básica en su totalidad.

En definitiva, creo que hay que ser modestos y muy cuidadosos con los proyectos piloto que se están llevando a cabo. No existe actualmente proyecto piloto que pueda probar la sostenibilidad o la no sostenibilidad de una renta básica. Sin embargo, no por ello debemos decir que los proyectos piloto son malos y no merezcan la pena, sino todo lo contrario.

Éstos pueden ofrecer datos interesantes a tener en cuenta, como pueden ser la reducción del nivel de estrés, el nivel de búsqueda activa de empleo de las personas perceptoras o el cambio de la carga de prueba hacia esos “gurús” que aseguran que recibir una prestación incondicional nos llevaría a pasar el día delante de la televisión. Pero sí existe, a mi modo de ver, una gran virtud de los proyectos piloto, y es que ponen el debate de la renta básica una vez más encima de la mesa, que cada vez más personas hablan al respecto y, sobre todo, que cada vez más personas llegan a conocer lo que es verdaderamente una renta básica. Así, los proyectos piloto nos permiten que la ciudadanía pueda contraponer la renta básica incondicional y los beneficios que ésta ofrece frente a los viejos sistemas de protección social basados en rentas mínimas garantizadas y que nunca han llegado a erradicar la pobreza.

Probablemente no sirva de mucho este artículo en un mundo donde la demagogia, basada en la apelación a prejuicios, emociones o miedos, y la degeneración del sistema democrático están a la orden del día. Pero si cualquier lector o lectora que haya llegado hasta aquí saca en claro que realmente Finlandia no renuncia a su experimento de renta básica, yo, me quedo satisfecho. No obstante, sería deseable que el periodismo se basase en el rigor, en la calidad de la información y en que los titulares no fueran meros actos de populismo que prioricen la difusión a cualquier precio frente a la veracidad en la información ofrecida.