A principios de mayo, Alfredo Aranda, responsable de Core Business de la revista Forbes, envió un cuestionario a Daniel Raventós. Junto con las declaraciones de otras personas consultadas, se publicó un reportaje sobre la situación actual y las perspectivas de la Renta Básica en el número 44 de junio de esta revista. Las respuestas no podían ser reproducidas en la revista en toda su extensión por evidentes razones de espacio. Reproducimos ahora íntegramente las preguntas y respuestas que fueron contestadas y enviadas a Forbes. SP

¿Es la Renta Básica Universal (RBU) un incentivo a un nuevo modelo de vida, o una solución a un modelo económico en crisis que no puede garantizar empleo digno para todos?

La RBU ha sido enfocada o justificada, según el autor o autora correspondiente, de formas muy distintas. Con al menos 30 años de existencia en su versión actual, a la RBU se han aproximado personas con especialidades académicas (para centrarme ahora únicamente en este ámbito) muy distintas: econometría, filosofía, economía en sentido amplio, política, sociología… Así, a unas personas les ha interesado más la justicia de la RBU, a otras la viabilidad económica, a otras las implicaciones políticas, etc. Pero esto solamente es una parte del estado de la cuestión. Otra parte muy importante son las ideas políticas, económicas y filosóficas respectivas. No respondería a su pregunta igual un economista de la tradición de la escuela austríaca que un postkeynesiano o uno de la tradición socialista (en la que incluyo evidentemente no solamente a los actuales partidos que se siguen, vaya usted a saber por qué, llamando socialistas). Ni respondería lo mismo una persona partidaria de cualquier rama de la filosofía política liberal académica, que son muy diversas, que una persona partidaria de la concepción histórica republicana de la libertad, entre las que me incluyo. Si salimos de los ámbitos académicos, como afortunadamente le ha ocurrido a la RBU desde hace ya un buen número de años, la situación que he descrito se enriquece mucho más. Así que su pregunta sería contestada de forma muy distinta por distintos partidarios de la RBU. Pero mi respuesta es: la RBU es una propuesta que permitiría garantizar en la actualidad la existencia material a toda la población. Esto es una condición para poder ejercer la libertad. La libertad es algo que jamás puede tener una persona cuya existencia material no esté garantizada. El gran republicano del siglo XVII James Harrington lo dijo, entre otro muchos, en un lenguaje de hace más de tres siglos, pero muy claro: “El hombre que no puede vivir por su cuenta debe ser un siervo; pero el que vive por su cuenta puede ser un hombre libre.” Esto en primer lugar. Después, qué duda cabe, la RBU no puede abordar todos los problemas sociales y económicos que en el año 2017 tenemos planteados, y debe ser vista como una medida de política económica que, junto con otras, permitirían hacer frente a los problemas actuales. Si tuviera que resumirlo en pocas palabras, ya me sirven las que utilizó el gran biógrafo de John Maynard Keynes, Sir Robert Skidelsky: “El deber esencial del Estado es la creación de las condiciones materiales para que todos puedan gozar de la buena vida”. La RBU formaría parte esencial de estas “condiciones materiales”.

¿Cómo se financiaría?
Financiar una RBU es mucho más fácil de lo que puede parecer a primer golpe de vista, aunque el BBVA no ha entendido del todo bien cómo se puede hacer (véase su comentario y nuestra contestación: https://www.bbvaresearch.com/publicaciones/algunas-reflexiones-sobre-la-renta-basica-universal/ y http://www.sinpermiso.info/textos/no-son-188000-millones-los-torpes-errores-del-informe-del-bbva-sobre-la-renta-basica). Junto con los profesores catalanes Jordi Arcarons y Lluís Torrens presentamos un avance de un estudio que aparecerá en forma de libro sobre cómo se podría financiar una RBU en el Reino de España, con la excepción de las comunidades autónomas de Euskadi y Navarra por razones estrictamente de homogeneización de datos. Disponíamos de casi dos millones de declaraciones oficiales de IRPF, aportadas por el Instituto de Estudios Fiscales, del año 2010, en uno de los peores momentos de la crisis. La conclusión es que puede financiarse una RBU para toda la ciudadanía y residentes acreditados de una cantidad igual al umbral de la pobreza de aquellos momentos, con la exclusión de las dos comunidades autónomas mencionadas: 7.471 euros anuales por persona adulta y una quinta parte para todos los menores de 18 años. Este resultado se obtenía básicamente mediante una reforma del IRPF y mediante la supresión de las prestaciones públicas monetarias inferiores a la RBU (si fueran superiores la RBU debería complementarse hasta la cantidad de la prestación). En el bien entendido que no se tocaba ni un céntimo de ninguna otra partida pública: ni sanidad, ni educación… ni de otras partidas que podrían perfectamente ser objeto de recorte: casa real, ejército… Pero vuelvo a insistir, no se detraía nada de ninguna partida pública que no fuera las que he especificado. Uno de los resultados de la investigación es que el índice de Gini pasaría a ser de unos niveles muy similares a los más igualitarios del mundo, los países escandinavos, puesto que la reforma fiscal para financiar esta RBU supondría una redistribución de la riqueza del 20% más rico al resto de la población. Me gustaría dejar muy claro que el estudio estaba basado en los datos oficiales del IRPF, sin entrar a valorar la inmensa elusión fiscal que evidencia un análisis de estos casi 2 millones de IRPF. Con ello quiero decir que si se declarase lo que se tiene que declarar, y hay sectores sociales que no lo hacen como es más que patente, la financiación de la RBU sería aún mucho más fácil. Pero hay más. La RBU puede ser financiada también mediante otras aportaciones de otros impuestos más allá del IRPF. Así, como desarrollamos en el libro que debe publicarse, deben tenerse en cuenta: Revisión del cálculo de las bases del IRPF (cambiando la estimación de rentas de actividades económicas por módulos por estimación directa, por ejemplo); impuestos adicionales: Impuesto a las Transacciones Financieras, impuestos ambientales (actualmente los menores de toda la UE), revisión o supresión del impuesto sobre el patrimonio y creación de un verdadero impuesto sobre la riqueza; revisión del IVA: eliminación de los tipos reducidos y compensación mediante RBU. Eliminación de los topes a la cotización a la Seguridad Social. Armonización Impuesto Sucesiones y Donaciones. Mejora en la lucha contra el fraude y la elusión fiscales (cuestión de primera magnitud en el Reino de España, muy por encima de la media de la UE).

(Pueden consultarse los detalles del avance del estudio aquí: http://www.sinpermiso.info/textos/la-renta-basica-incondicional-y-como-se-puede-financiar-comentarios-a-los-amigos-y-enemigos-de-la)

Los partidarios de la RBU argumentan que podría ser más eficiente y equitativa que los sistemas tradicionales de bienestar y que protegería a las personas de los riesgos de la robotización? ¿Por qué?

No es exacto. Por lo que se refiere a la relación de la RBU con los sistemas tradicionales de bienestar, y como he mencionado en la respuesta a la primera pregunta, hay mucha diversidad social, política y académica entre las personas partidarias de la RBU. La cada vez más extensa bibliografía que hay en multitud de idiomas sobre el tema, puede constatar que hay partidarios de la RBU de derechas, de centro y de izquierdas. El criterio infalible para saber la orientación política de cualquier defensor de la RBU es conocer la propuesta de financiación que la hará posible. Y también es de mucha información conocer las medidas de acompañamiento de política económica que se defienden. Los defensores de derechas pretenden desmantelar el Estado de Bienestar (o lo que queda en algunos lugares de él) “a cambio” de la RBU (sería el caso de Charles Murray, el economista que defiende la RBU en las páginas del Wall Street Journal), persiguiendo sus clásicos objetivos de “adelgazamiento” del Estado (excepto la policía, el ejército y los tribunales de justicia) y de reducción de la presión fiscal. Los defensores de izquierdas, por el contrario, pretenden una redistribución de la renta de los más ricos al resto de la población y el fortalecimiento del resto de prestaciones del Estado de Bienestar. Es decir, para la concepción de izquierdas, en claro contraste con la de derechas, su implantación no debe suponer merma alguna de los servicios públicos ni de los derechos sociales (educación, sanidad, dependencia, vivienda, etc.).

En cuanto a los riesgos de la robotización para muchos empleos, cabría decir mucho. Precisamente muchas personas que en los últimos años se han vuelto defensoras de la RBU ha sido por esta razón. En breve, la automatización o robotización puede ser en beneficio de unas pocas personas o en beneficio del conjunto de la sociedad. Una parte de la cuestión es que el hecho de que se pueda fabricar mercancías (el tipo concreto de tales mercancías formaría parte de otra reflexión) en mucho menos tiempo que hace pocos años, que tareas peligrosas o poco atractivas puedan ser mecanizadas… es fantástico. La otra parte, y no precisamente de poca importancia, es ¿servirá para que todas las personas puedan tener más tiempo para vivir?, ¿servirá para que el inmenso aumento de la productividad permita que todas las personas puedan vivir según sus respectivos proyectos de buena vida?, o bien ¿servirá para enviar a más millones de personas al desempleo y a la infelicidad? No es una cuestión técnica, es una decisión política. ¿Recordamos aún los debates sobre las vacaciones de los trabajadores? Bertrand Russell, en un bonito ensayo de 1932, “In Praise of Idleness”, menciona haber escuchado a una vieja condesa exclamar: “¿Para qué quieren hacer vacaciones los pobres? Lo que deben hacer es trabajar”. ¿No se asemeja a lo que dicen algunos hoy ante la perspectiva de la robotización? Por ejemplo, el presidente de la patronal española, Juan Rosell, cuando dice que “el trabajo fijo y seguro es un concepto del siglo XIX”. Son distintas palabras, la de la condesa y la del pimpante patrono, para expresar objetivos similares. Lo que no hay ninguna duda es que a la condesa y al presidente de la CEOE les va bien que los gobiernos y las leyes les permitan regular los mercados de acuerdo a su visión de la vida humana.

Keynes ya decía hace casi un siglo que la ciencia debería permitir  que pudiéramos vivir “sabia y agradablemente bien”, pero también tenía la esperanza de que llegará un día en que “el amor al dinero como posesión… será reconocido como lo que es, una morbilidad algo repugnante”. Digamos que este día no ha llegado y que de momento van ganando los que aman el dinero como posesión o, aún peor, como medio de pura especulación. Y qué duda hay que la RBU junto a una reducción de la jornada laboral (para volver a citar a Keynes: como es harto conocido, daba por supuesto que en la actualidad ya deberíamos de trabajar remuneradamente como mucho 15 horas a la semana) permitiría que la automatización o robotización redundase en beneficio del conjunto de la sociedad. Por una vez valdría la pena probarlo.

¿Podemos imaginar una sociedad con varias generaciones de personas que no han trabajado nunca gracias a una RBU? ¿Cómo podría describirla?

Supongo que usted se refiere a que no han trabajado remuneradamente. Como muchas feministas destacan con razón, el trabajo no siempre equivale a empleo, pues existen distintos tipos de trabajo, principalmente tres: trabajo remunerado, trabajo doméstico y trabajo voluntario. Dentro del trabajo remunerado, la parte más importante sin duda es el trabajo asalariado. Pero, ¿qué es básicamente el trabajo asalariado y cuál es su relación con la RBU?

En esencia, el trabajo asalariado no persigue satisfacer una necesidad en sí misma, como quien bebe un vaso de agua cuando tiene sed, sino que se erige en un medio instrumental para poder satisfacer unas necesidades que son externas al propio trabajo, como el alojamiento, la  alimentación o incluso el ocio. Probablemente, la mejor definición del trabajo asalariado la dio a mediados del siglo XIX Karl Marx, quien escribió en sus Manuscritos de economía y filosofía que el carácter extraño del trabajo asalariado “se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo»”. ¿Exagerado? Una reciente encuesta de 2015 reveló que en el Reino Unido el 37% de los trabajadores opinan que realizan un trabajo inútil. Y que trabajan porque no hay otro remedio.

¿Hay personas que disfrutan de su actividad laboral, que “se lo pasan bien”? ¡Claro! Pero no abunda esta realidad. Efectivamente, lo contrario a actividad forzada, ajena, alienada, es la actividad denominada «autotélica», aquella que proporciona ella misma recompensas grandes a quien la realiza. La actividad autotélica tiene la recompensa para quien la realiza en la acción en sí misma. No se trata de la relación medios-fines con la que se acostumbra a describir la actividad humana, sino que la recompensa está en los propios medios. Se trata, pues, de una actividad que nada tiene que ver con la inmensa mayoría del trabajo asalariado que es, con algunas excepciones, meramente instrumental. Para adquirir una serie de recursos imprescindibles, como alimento, alojamiento o ropa es preciso disponer de dinero, por lo que la mayoría de los individuos deben recurrir al trabajo remunerado como única opción para la subsistencia.

En claro contraste con el trabajo asalariado, el trabajo voluntario constituye claramente una forma de actividad autotélica, y lo mismo ocurre con la participación política cuando esta implica algo más que la mera acción de votar cada determinado período de tiempo. En este sentido, es importante distinguir entre los burócratas y asalariados políticos que hacen de la política una forma de trabajo asalariado, y la participación política que lleva en sí misma la recompensa de participar en la creación de una sociedad mejor.

En su libro ¿Cuánto es suficiente? Qué se necesita para una buen vida, Robert y Edward Skidelsky profundizan en esta distinción, y señalan que ocio e inactividad no solamente no son sinónimos, sino que más bien son palabras antitéticas. Para los autores, el ocio es actividad sin un fin extrínseco o, en palabra del célebre filósofo de la Ilustración Immanuel Kant «determinación sin propósito». Quien realiza una actividad con el solo fin de realizarla, ya sea actividad investigadora, artística, solidaria o de cualquier otra clase, la realiza por ella misma. Por supuesto, puede haber actividad investigadora o artística que sea instrumental: para ganar más dinero, para mejorar el currículum, para ascender en el departamento universitario… entre una infinidad de motivos, pero entonces evidentemente no se trata de actividades autotélicas, sino actividades instrumentales o mercenarias que se realizan para alcanzar el fin propuesto.

Si usted se refiere a si podría imaginar una sociedad con varias generaciones de personas que no han trabajado asalariadamente nunca gracias a una RBU, puedo imaginármela. Pero la imagino, por seguir utilizando la palabra, como algo hipotéticamente posible, pero más que improbable. Los experimentos y algunas investigaciones sugieren precisamente lo contrario: con una RBU las personas serían más libres para elegir trabajos remunerados de lo que lo son ahora. Para quien tenga una concepción antropológica según la cual somos una especie condenada por el pecado original o cualquiera de sus variantes, la libertad y la felicidad no entra en sus planteamientos, pero no todos debemos compartir esta visión catastrófica (además de poco constada empíricamente) de nuestra especie.

¿Una de las razones de los que se oponen a la RBU es que es un elemento desincentivador (para la búsqueda de empleo, o del esfuerzo individual). ¿Cuál es su opinión?

Tiene usted razón, esta es la crítica más extendida a la RBU. Y creo que es un error. Veamos. Para analizar esta crítica, deben tenerse en cuenta una serie de factores. Por un lado, que la RBU es incondicional, a diferencia de los subsidios condicionados desarrollados hasta ahora en los distintos Estados del bienestar, que además son incompatibles en general con la obtención de otra fuente de renta, normalmente un trabajo remunerado. En cambio, por definición, la RBU es perfectamente compatible con otras fuentes de renta, si bien estas pueden verse afectadas por un mayor tipo impositivo en función de la forma de financiación. En cualquier caso, esto es preferible a la denominada “trampa de la pobreza”, término con el que se designa la penalización que sufren los beneficiarios de subsidios condicionados en el caso de que acepten un trabajo remunerado, y que puede comportar la pérdida del 100% del subsidio. A lo largo del tiempo se han intentado desarrollar mecanismos infructuosos para combatir la trampa de la pobreza entre los partidarios de los subsidios condicionados. Por su carácter de incondicional la RBU evita que se produzca esta trampa de forma mucho más notable que los subsidios condicionados.

Un segundo factor que debe ser tenido en cuenta es la opinión expresada por la gente cuando así se le ha preguntado respecto a la voluntad de trabajar, y que se puede extraer a partir de los resultados que arrojan varias encuestas. Por un lado, entre el 13 y 17 de julio de 2015 se realizó una encuesta, por parte de una empresa de opinión, entre 1.600 personas en Cataluña en la que se preguntaba: “La renta básica es un ingreso de 650 euros mensuales que recibiría toda la población como derecho de ciudadanía, que sería financiada mediante una reforma fiscal que supondría una redistribución de la renta del 20% de los sectores más ricos de la sociedad al resto de la población. ¿Estaría más bien de acuerdo o más bien en desacuerdo que se implantara en nuestro país?” Un 72,3% está más bien de acuerdo, un 20,1% está más bien en desacuerdo y un 7,6% no responde. Más específicamente relacionado con la crítica a la desincentivación a trabajar, un 86,2% de las personas encuestadas contestaron que en caso de cobrar la RBU seguirían trabajando remuneradamente igual que hasta entonces. Dentro de los que en el momento de la encuesta se encontraban en paro, un 84,4% contestó que “seguiría buscando trabajo como hasta ahora”. Del total de encuestados, solo un 2,9% afirmó que dejaría de trabajar (de forma remunerada), mientras que solo un 2,2% de las personas en desempleo dejarían de buscar trabajo. Para todos los datos véase: http://www.redrentabasica.org/rb/nueva-encuesta-una-mayoria-social-catalana-por-la-renta-basica-la-poblacion-catalana-no-dejaria-de-trabajar-con-una-renta-basica/

Una encuesta no publicada, se realizó en el mes de septiembre de 2016 entre el personal administrativo, docente y el estudiantado de la Universidad del País Vasco. La encuesta era electrónica y la contestaron más de 3.000 personas. No se trataba de una encuesta técnicamente con los filtros de la anteriormente mencionada y estaba solamente dirigida a un colectivo de personas muy específico. Entre las personas que disponían de un empleo se les preguntó: “Si dispusieras ahora de una renta básica incondicional de 650 euros mensuales ¿dejarías tu empleo o trabajarías menos horas?” A lo que solamente contestó que sí dejaría el empleo un 3,5%, un porcentaje muy similar al de la anterior encuesta.

Y aún cabe mencionar una encuesta europea. Esta recientísima encuesta realizada en 28 Estados de la UE establece que un 68% podrían votar a favor de una RBU (75% en Italia, 69% en el Reino Unido y el Reino de España, 68% en Alemania, 60% en Francia: http://basicincome.org/wp-content/uploads/2017/05/DR-2017-survey.pdf

Finalmente, merece la pena mencionar los resultados de un estudio ya clásico realizado por Axel Marx y Han Peeters, investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica de Leuven, en Bélgica, entre 198 ganadores de un premio de la lotería belga llamado Win for Life, consistente en una asignación mensual de mil euros de por vida. El objetivo de Marx y Peeters era comprobar qué hacían los ganadores con sus ocupaciones: ¿Se dedicaban a vivir con los mil euros mensuales sin trabajar o bien mantenían sus ocupaciones? ¿Reducían su horario laboral o cambiaban de empleo? El estudio se publicó en el año 2004, y una de las conclusiones fundamentales fue que la particular modalidad de RBU que recibían tenía un impacto insignificante sobre la oferta de trabajo.

Es posible que los argumentos de la trampa de la pobreza, así como el de las encuestas y el estudio sobre la lotería no resulten concluyentes para quien esté firmemente convencido de que una RBU desincentivaría el trabajo remunerado de buena parte de la población. Es evidente que toda innovación social supone unos riesgos, pero lo que debe evaluarse es si las ventajas superan de forma clara a los inconvenientes.

¿Sobre el esfuerzo individual? Las grandes desigualdades ¿son producto de los distintos esfuerzos realizados? Veamos. La idea del hombre (o mujer) hecho a sí mismo se vuelve cada vez más potente conforme en las economías ricas aumenta la extrema desigualdad. Gina Rinehart es una rica minera de Australia. Según su opinión, toda su fortuna es merecida y quien no lo vea así, es un envidioso. Y da consejos: si tienes envidia de quienes tienen más dinero, no te quedes sentado quejándote; haz algo para ganar más dinero: gasta menos dinero en beber, fumar o alternar y pasa más tiempo trabajando, crea tu propio éxito. Como recordaba el prestigioso ambientalista inglés George Monbiot en The Guardian, 24-9-2012: “recordar sus raíces es lo que Rinehart no sabe hacer. Se le olvidó añadir que si quieres convertirte en millonario, en su caso milmillonaria, ayuda heredar una mina de mineral de hierro y una fortuna de tu padre, y cabalgar sobre un auge espectacular de las materias primas. Si se hubiera pasado la vida metida en cama tirando dardos a la pared, seguiría siendo estupendamente rica.” Y más adelante: “Las listas de gente rica están repletas de gente que o bien heredó su fortuna o la hizo gracias a actividades rentistas: por otros medios que no fueron innovación y esfuerzo productivo. Son un catálogo de especuladores, barones inmobiliarios, duques, monopolistas de tecnología de la información, usureros, jefes de la banca, jeques del petróleo, magnates mineros, oligarcas y ejecutivos jefe remunerados de forma absolutamente desproporcionada respecto a cualquier valor que generen.” Y concluye: “hace un siglo, los emprendedores trataban de pasar ellos mismos por parásitos: adoptaban el estilo y las formas de la clase rentista con título. Hoy pretenden los parásitos que son emprendedores.” Quienes justifican la existencia de estas enormes desigualdades argumentan que son merecidas debido a que introducen todo tipo de innovaciones o aportaciones beneficiosas a la sociedad. Es decir, si hay gente muy rica es, fundamentalmente, porque se lo merecen por su esfuerzo, inventiva u originalidad. Efectivamente, el argumento, con ciertas variantes, acostumbra a seguir el siguiente razonamiento: hay algunas personas que, ya sea por su iniciativa, su ingenio, su creatividad o capacidad de innovación, realizan grandes aportaciones a la sociedad que cambian la vida de muchas personas. Por ello, resulta justificado que estas personas cobren sumas de dinero muy alejadas de la media. Es justo, es razonable, corresponde a su mérito, continúa la justificación. La idea del hombre (o mujer) hecho a sí mismo se vuelve cada vez más insistente conforme en las economías ricas aumenta la extrema desigualdad. En su libro de 2010 El problema de los super-millonarios, Linda McQuaig y Neil Brooks documentan que “los emprendedores constituyen una parte muy pequeña del grupo de mayores ingresos, menos de un 4%, según algunas estimaciones. La actual élite de los superricos está compuesta en su mayoría por ejecutivos de la empresa y las finanzas, que representan alrededor del 60% del 0,1%  de los que más ganan (abogados y promotores inmobiliarios representan otro 10%)”. Y esta colosal riqueza se debe, más que a la innovación, a las aportaciones a la sociedad, a la “búsqueda de rentas” o más exactamente, lo que en economía se conoce como “rentismo parasitario”. La “búsqueda de rentas” no produce riqueza añadida y es un mecanismo por el cual la renta simplemente cambia de manos. Se puede realizar el cambio de manos de las rentas mediante leyes, facilidades concedidas por los gobiernos, etc. Los ricos han captado muchas rentas de la mayoría de la población gracias a las legislaciones que han logrado imponer mediante, aunque no de forma única, los muchísimos cabilderos que actúan cerca de los legisladores para ese fin. El sector de la banca dedica cerca de1.200 millones al año y un ejército de 1.700 personas a presionar a los legisladores de la UE en Bruselas para velar por sus intereses. Se trata, sin duda, de una maquinaria muy potente para presionar para que la legislación de los mercados les resulte lo más beneficiosa posible. Su poder es mucho más potente que el que pueden tener, por ejemplo, los mucho más numerosos pensionistas que van a retirar su pensión a final de mes en cualquier ventanilla bancaria.

Si se trata del esfuerzo individual o de las aportaciones a la sociedad ¿qué cuentan los incentivos económicos? Parece evidente que los incentivos económicos poco cuentan, repasando la historia, para los que han realizado grandes aportaciones a la humanidad. Y no han sido los mejor remunerados solamente por citar a los más conocidos: ¿Marie Curie, Isaac Newton, Albert Einstein, Charles Darwin, Ernest Rutherford…? ¿Hicieron lo que hicieron por estímulos económicos?

Una última consideración. En EEUU, durante las décadas posteriores a la segunda gran guerra, el tipo marginal máximo para los ricos fue muy elevado, llegando en algún momento al 91 por ciento. En el Reino Unido también estuvo cerca del 90 por ciento en los cincuenta y sesenta (hoy no llegan al 35 y al 45 por ciento, respectivamente, y sigue a la baja). ¿Rindieron menos entonces los profesionales, ejecutivos, gestores de las empresas que ahora? Pues según la evidencia disponible no puede afirmarse tal cosa. Pareciera que debieran estar desmotivados por los altos tipos en comparación con los actuales, pero no lo estuvieron: las tasas de crecimiento de EEUU y del Reino Unido fueron muy altas (más que ahora) durante las tres décadas posteriores a la guerra.

¿Una RBU haría más fácil contratar a trabajadores? ¿Elevaría los salarios?

Los trabajadores serían más libres para elegir su empleo, la relación con los otros trabajos (doméstico y voluntario) y, en definitiva, para elegir qué vida quieren llevar a cabo. Recuerde lo que comentaba anteriormente, quien no tiene la existencia material garantizada no puede ser libre. Quien la tiene, dispone de una condición necesaria aunque no suficiente para poder ser libre. ¿Ello haría más fácil contratar a trabajadores? Permítame invertir los términos: haría más fácil que los trabajadores eligieran. Actualmente muchas personas están obligadas a aceptar condiciones de empleo semiesclavas porque la alternativa es el desempleo. ¿Es esta una situación de libertad? Digamos que es cualquier cosa menos libertad.

En cuanto a si elevaría los salarios… Creo que algunos sí y otros no. Habría empleos que deberían aumentar los salarios para poder ser atractivos para muchos trabajadores. Y si no fueran rentables para los empleadores… sería un incentivo más para que se automatizaran. Lo que incentivaría una RBU, como algunos autores han destacado, es a emprender algún pequeño negocio. Iniciar un negocio pequeño o un proyecto cooperativo supone tener que solicitar algún tipo de crédito, de modo que si el negocio fracasa por cualquier motivo, es posible que el pequeño empresario quede endeudado. Esta situación puede ser uno de los motivos que inhiba a muchas personas con intenciones de emprender algún negocio personal o cooperativo. Con una RBU, las posibilidad del fracaso no resulta tan disuasoria, incluso entre aquellas personas sin una alta propensión al riesgo. La RBU extendería una mayor red de seguridad que posibilitara la iniciativa de un nuevo negocio personal o cooperativo, lo que contribuiría a aliviar las consecuencias de la crisis económica y las políticas económicas de austeridad puestas en funcionamiento a partir de la Gran Recesión de 2008. También posibilitaría mucho más la creación técnica o artística. John O’Farrell, el conocido guionista de  series como Spitting Image, lo dijo de forma muy sencilla: “Cualquiera que alguna vez haya inventado o creado algo lo ha hecho gracias a alguna pizca de seguridad financiera a sus espaldas.” Un bonito ejemplo quizás sea el de Harper Lee que recibió en 1956 un sobre con un cheque enviado por unos amigos de la familia. El cheque iba acompañado de una nota: “con este dinero dispones de un año para escribir lo que quieras”. En este año escribió Matar a un ruiseñor que la convirtió en millonaria y ganadora del premio Pulitzer en 1961. Antes del cheque tenia que trabajar en una librería y haciendo reservas para unas aerolíneas.

¿Su aplicación conllevaría la supresión de las pensiones públicas?

Lo he contestado con algún detalle en la segunda pregunta. Para resumirlo: las pensiones inferiores a la RBU se suprimirían a cambio de la RBU. Es decir las personas que estuvieran en esta situación saldrían ganado. Las personas que tuvieran una pensión pública superior a la RBU no perderían, pero tampoco ganarían con una salvedad que inmediatamente especificaré. Recibirían una RBU y se complementaría con una cantidad que igualase la pensión que previamente estaban recibiendo. Más concretamente: en nuestras simulaciones establecemos que los pensionistas que cobran hasta tres veces la RBU, no pierden. Solamente el muy pequeño porcentaje de los que ganan tres veces más que la RBU perderían.

Dígame, ¿por qué un joven beneficiario de una RBU ha de esforzarse en estudiar una carrera universitaria exigente, o su padre en aguantar a su jefe despótico?

Son dos preguntas bien diferentes. Respecto a la primera, quien aprecia el conocimiento por el conocimiento, tendría más motivación para poder dedicar tiempo de estudio en lo que le pudiera interesar. Quien no aprecia el conocimiento como actividad autotélica, y simplemente lo adquiere de forma instrumental (para hacer carrera universitaria, para tener un puesto de trabajo más bien pagado en la administración pública o en el sector privado, para tener mayor influencia social…),  ¿por qué la RBU debería ser un impedimento a seguir haciéndolo? ¿Es que con una RBU todo el mundo se volvería asceta y contrario a dedicarse a otras actividades que le reportasen directa o indirectamente mejores retribuciones? Por lo que podemos observar, gente que tiene más dinero que el que consumirá nunca en su vida, realiza fraude, extorsiones o sigue desarrollando una actividad frenética que le reporta más dinero. ¿Qué es lo que nos puede hacer pensar que con una RBU la gente se conformaría con esta cantidad para vivir frugalmente? Al menos, la evidencia empírica no parece que se acomode a este prejuicio.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta. Hubo un gran economista del siglo XX, Michal Kalecki, que mantuvo una relación intelectualmente muy estrecha con otros grandes economistas como Joan Robinson, Piero Sraffa, John Maynard Keynes, entre otros, que realizó importantes contribuciones a la teoría del ciclo económico que algunos han recuperado para la defensa de la RBU. Más exactamente al concepto de “efecto disciplinador” del desempleo. Este autor aseguraba que cuanto más nos apartamos del pleno empleo más aumenta el efecto disciplinador de la fuerza de trabajo. La Organización Mundial del Trabajo (OIT) afirma que en 2014 había más de 201 millones de personas desempleadas en todo el mundo, lo cual supone nada más ni nada menos que un incremento de más de 31 millones de personas desde el comienzo de la crisis económica. A mayor vulnerabilidad en las posibilidades de perder el puesto de trabajo, mayor es la disposición a aceptar el empeoramiento en las condiciones laborales, no sólo monetarias. Una situación como la que podemos constatar a principios de 2017, con una experiencia de varios años de deterioro de las condiciones de vida y trabajo de gran parte de la población. Se dispara este efecto disciplinador al que se refería Kalecki: la alternativa de quedarse sin trabajo siempre es peor a la de aceptar condiciones de trabajo cada vez peores. Incluso algunos economistas han llegado a justificar esta situación afirmando que “peor que tener un mal trabajo es no tener ninguno”. Con una RBU, el efecto disciplinador al que se refería Kalecki quedaría enormemente debilitado cuando no cortado de raíz. Efectivamente, el poder de negociación de la clase trabajadora aumentaría con una renta básica. Muchos trabajadores se sentirían más protegidos que ahora para negarse a aceptar condiciones de trabajo que se han llegado a cualificar de semiesclavas. Así que el padre del estudiante de su pregunta tendría mucha más libertad para no aguantar a su jefe despótico.

Uno de los temas más sensibles es el ámbito de aplicación de la RBU. ¿Solo a los nacionales, o a todos los residentes? En la UE sería imposible discriminar, lo cual podría crear una ola de emigrantes que se desplazarían para percibir la renta? ¿Podría ser manejable?

La definición que utiliza la Red Renta Básica (www.redrentabasica.org), que fue puesta en marcha por no más de 5 ó 6 personas en el año 2001 (¡cómo ha cambiado la situación! Hablar entonces de la RBU parecía de locos, hoy habla casi todo el mundo, sea a favor o en contra) es muy clara. En su web podemos leer: “la renta básica es un ingreso pagado por el estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva. En menos palabras: una renta básica es una asignación monetaria pública incondicional a toda la población.” No especificamos cuánto tiempo debería constar como residente. Podría ser dos, tres o cuatro años. Para contestar su pregunta, creo que es útil simplemente partir de realidades conocidas. En la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), la primera que introdujo en el año 1989 en el Reino de España un subsidio condicionado para pobres, que hoy es de largo el más generoso de todo el Reino (e incluso siendo el más generoso es un modelo que ha fracasado respecto a los objetivos que se había marcado el propio programa: véase para datos, historia y perspectivas este impresionante artículo: http://www.redrentabasica.org/rb/el-fracaso-del-modelo-de-rentas-minimas-condicionadas-del-pais-vasco/) hubo entonces un debate interesante e ilustrativo para responder la pregunta. La derecha decía que de aplicarse este subsidio condicionado contra la pobreza, los pobres de las otras zonas del Reino de España inmigrarían a la CAV de forma masiva, puesto que las otras Comunidades Autónomas en aquellos momentos no tenían nada parecido. Piénsese que en este caso no hay la menor restricción legal para inmigraciones, así que el argumento parecía como mínimo razonable. ¿Qué ocurrió? Nada de nada: no hubo oleadas, ni olas, ni olitas de inmigración. También el argumento sería vigente, puesto que la renta para pobres de la CAV es muchísimo mejor que cualquier otra, tan solo puede comparársele la de Navarra, ¿por qué no hay oleadas, olas o aunque solamente sea olitas de inmigración de las otras CCAA a la CAV? Pues porque trasladarse a otro lugar geográfico, censarse en aquel lugar, esperar dos, tres o los años que marcase la ley en cada momento para tener derecho a recibir la renta para pobres de la CAV… no sale a cuenta. Así que, si bien es verdad que es uno de los temas, la inmigración, más fácil con el que hacer demagogia sobre “que nos van a invadir”, la racionalidad invita a ser más prudentes. Y no entro en temas de fondo como la barbaridad que significa que haya movimiento libre de capitales y no de personas, eso nos apartaría mucho de la pregunta. Simplemente voy a citar lo que un defensor de la RBU, el joven holandés Rutger Bergman, escribe en un reciente libro: “Cuatro estudios diferentes han demostrado que, dependiendo del movimiento en el mercado laboral global, el crecimiento estimado del ‘producto mundial bruto’ estaría entre el 67% y el 147%. Efectivamente, abrir fronteras haría a todo el mundo el doble de rico.” Y para acabar. Cuando los pobres de los países pobres quieren emigrar es porque su existencia material en sus lugares de origen está destrozada. ¿Quién se la ha destrozado? No hace falta ser un lince o conocer todos los datos disponibles para adivinarlo. De ahí el interés cada vez más creciente por una RBU en países pobres o destrozados por las multinacionales y la corrupción que fomentan. Quizás valdría la pena considerarlo. Ya sé que la RBU sigue teniendo muchos obstáculos por parte de gente de todo tipo. Es normal que así sea cuando una propuesta como la RBU es conocida de forma acelerada por un mayor número de personas. Y aquí viene a cuento una vez más citar a Keynes (y para evitar cualquier confusión, conste que no soy keynesiano) para entender la principal dificultad con la que se enfrenta la RBU: “La dificultad no reside en las nuevas ideas, sino en huir de las viejas”.

Fuente: www.sinpermiso.info