Los pasados días 7, 8 y 9 de julio, tuvo lugar en Seúl el XVI Congreso de la Basic Income Earth Network (BIEN). Sin duda, se trataba de un congreso importante, pues era el primero que se realizaba en el continente asiático. Además, la coreana es la red estatal más potente de dicho continente, con cientos de afiliados, la mayoría de ellos próximos a posiciones de izquierdas, cercanas a la tradición socialista. Como en todos los congresos de la BIEN, se discutieron diversos aspectos relacionados con la renta básica. En este caso, empero, conviene citar la discusión de modelos de financiación, la presencia de proyectos piloto en países tan disímiles como India, Finlandia u Holanda, la celebración del referéndum en Suiza, las transformaciones de los trabajos (inducidas, sobre todo, por la automatización) y las cuestiones de género como los bloques temáticos que más atención suscitaron.

Por parte de la Red Renta Básica, se desplazaron a Seúl David Casassas y Julen Bollain (durante el mes de junio, lo había hecho Daniel Raventós para dictar algunas conferencias precongresuales). David Casassas participó en una sesión plenaria sobre “Renta básica y emancipación humana”, en la que presentó una ponencia titulada, por petición del Comité Organizador, “Renta básica y emancipación social: una nueva vía al socialismo”. Por su parte, Julen Bollain participó también en debates formales e informales y tuvo la oportunidad de proponer, en la Asamblea General que siguió al Congreso, la creación de una red de universidades interesadas en el estudio y la promoción de la renta básica. La Asamblea de la BIEN acogió con interés la propuesta y emplazó al Comité Ejecutivo a estudiarla durante los próximos meses. La participación de ambos miembros de la Red Renta Básica fue interesante también a efectos de estrechar lazos con otras redes oficialmente reconocidas por parte de la BIEN: en este sentido, la celebración de una mesa redonda con un representante de cada red estatal de la BIEN constituyó una oportunidad para poner en común estrategias y procedimientos y visualizó la pluralidad de voces y de sensibilidades, también regionales y estatales, relativas al estudio y a la defensa social de la renta básica. En este sentido, dicha mesa redonda supuso un signo de que el camino que se inició en Barcelona en 2004, cuando se decidió que la BIEN dejara de ser una red solamente europea para convertirse en una red de alcance mundial, con secciones oficiales en los cinco continentes, está dando sus frutos.

Finalmente, conviene destacar que en la Asamblea se tomó una decisión importante relativa a la definición de la renta básica. Históricamente, la BIEN había declarado que la renta básica es un ingreso pagado por el Estado de acuerdo con los siguientes tres principios: individualidad, universalidad e incondicionalidad. Y no añadía nada más. Pero esta formulación se hizo a mediados de la década de 1980, cuando no se podía sospechar el alcance del giro neoliberal del capitalismo y, por ende, tampoco se podía imaginar que la renta básica podría ser pensada como una estrategia de substitución de las prestaciones en especie propias de los regímenes de bienestar. Pero los últimos 30 años han dado mucho de sí, y muchos son los activistas que, en la actualidad, temen que algunos den a la renta básica un uso neoliberal de este tipo. Por ello, sin cambiar la definición histórica de la renta básica, la Asamblea de la BIEN decidió por mayoría, y bajo el impulso de sectores de izquierda de la organización, que no se puede dejar espacio ya para la ambigüedad -los grupos alemanes y coreanos jugaron un papel destacado en este punto, junto con activistas procedentes de Holanda, Francia y el Reino de España, entre otros países-. Así, la Asamblea añadía a la definición tradicional de la renta básica, recogida en los Estatutos de la organización, el siguiente redactado, de ambiciones “emancipatorias”: “[La renta básica deberá ser] suficientemente alta como para que, en combinación con otros servicios sociales, constituya parte de una estrategia política para eliminar la pobreza material y para facilitar la participación social y política de cada individuo. Nos oponemos a la sustitución de servicios sociales o derechos, si dicha sustitución empeora la situación de la gente relativamente desfavorecida, vulnerable o de menor renta”.