Una vez pasado el largo y continuado periodo electoral asistimos a las negociaciones de los partidos políticos para gobernar ciudades y pueblos. Paralelamente en Europa se conforma un parlamento que ha frenado, en parte, el ascenso de la ultraderecha y que tiene sobre la mesa sacar adelante políticas sociales y laborales que garanticen un futuro digno a los casi 742 millones de personas que habitan Europa.

La realidad social es cruda en muchos ámbitos. Hablamos, por ejemplo, de la precariedad laboral que se visibiliza con el reciente atropello mortal en Barcelona de un ciclista repartidor de 22 años de la empresa Glovo la noche antes de las elecciones, una muestra bien dramática de que los diversos problemas sociales no se esperan a los resultados electorales ni nos dan ninguna tregua. Otro cruel ejemplo es el desahucio, a través de una empresa de mercenarios, hace pocos días en la calle Gayarre del barrio de Sants de Barcelona. Son sólo algunos ejemplos recientes.

La gran crisis del 2008 ha generado un gran número de personas perdedoras: migrantes de países empobrecidos o con conflictos bélicos, personas desempleadas de larga duración, jóvenes sin capacidad de emanciparse, falta de igualdad de oportunidades real en el acceso a un puesto de trabajo o en la promoción profesional, brecha salarial de género y muchas mujeres cabezas de familia sin ningún tipo de ingreso; precariedad laboral y aumento de trabajadores pobres que no tienen suficiente para vivir con su salario miserable; miles de desahucios de familias sin ingresos y que se traducen en situaciones dramáticas con nombres y apellidos; privaciones materiales severas que en el caso de algunos barrios de Barcelona como Nou Barris representan un 17% frente a un 1% del barrio rico de Sarrià-Sant Gervasi, lo que supone no poder mantener, en la mayoría de casos, la vivienda a una temperatura adecuada o tener un estado de salud malo. Podemos decir sin equivocarnos que estamos peor ahora que en el 2007.

No es un listado exhaustivo, pero lo que más sorprende de todo es que a pesar de esta situación de pobreza, de insultantes desigualdades sociales y de una constante y progresiva precariedad vital de muchos miles de personas y de familias… se siguen haciendo y defendiendo las mismas políticas de subsidios condicionados de siempre con unos resultados nada satisfactorios donde se dan costosos controles administrativos, retrasos en la tramitación, desorden de prestaciones, procedimientos administrativos arbitrarios y la trampa de la pobreza derivada de la no compatibilidad de las prestaciones con los ingresos provenientes de un empleo, favoreciendo la proliferación de una economía sumergida.

Pero tal vez lo que es muy grave es que en este discurso de las ayudas condicionadas converge la derecha de siempre con parte de la izquierda y algunos sindicatos. Y esto debería cambiar pronto si de verdad queremos salir de estas estadísticas que nos acompañan desde hace muchos años.

Cada vez es más conocida una propuesta que circula por todo el mundo: la Renta Básica, una asignación monetaria personal e incondicional pagada a toda la población desde el nacimiento a la muerte. Una renta compatible con otras fuentes de ingresos y que la percibiría toda persona, por el hecho de ser ciudadano.

De la Renta Básica hablan y debaten partidos, sindicatos, movimientos sociales y asociaciones de Europa, de Asia, de Estados Unidos, de América Latina… Para comprender las razones de su popularidad tendremos que hacer referencia al aumento espantoso de las grandes desigualdades sociales, al incremento inexorable de la pobreza, a la desaparición de miles de puestos de trabajo y también al fracaso de los subsidios condicionados de todo tipo.

Esta Renta Básica, al ser universal como otros sistemas tales como la sanidad o la educación, pagada con los impuestos, la percibiría todo el mundo, pero no todo el mundo saldría beneficiado. A diferencia de la defensa que hacen los discursos partidarios de la derecha política que querrían reducir y adelgazar el Estado del bienestar a la mínima expresión, buena parte de los argumentos que se dan desde la izquierda son para reducir las grandes desigualdades económicas y sociales mediante una redistribución de la riqueza de arriba abajo y no al revés, tal como se está produciendo actualmente.

A diferencia de los subsidios condicionados como la actual Renta Garantizada de ciudadanía que está en vigor en Cataluña desde el año 2017, la Renta Básica incondicional es una forma de reducir o eliminar la pobreza que no estigmatiza a sus perceptores y no los convierte en suplicantes de ayudas asistenciales. Proporcionaría una seguridad económica básica a todos y como dice Guy Standing en su libro La Renta Básica (2018) es “algo importante en un capitalismo donde la principal fuente de inseguridad es la inseguridad económica.”

Según la propuesta de financiación que han hecho los economistas Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluís Torrens saldría ganando un 80% de la población y el 20% mejor situado económicamente perdería con esta propuesta.

La Renta Básica es una propuesta que se construye y desarrolla para garantizar recursos económicos suficientes y ello conllevaría, con seguridad, la mejora de las condiciones laborales dado que aumentaría el poder negociación de las trabajadoras y trabajadores. La Renta Básica busca una igualdad de oportunidades real para la mayoría social, que son las mujeres, que también aumentaría su poder negociador de forma específica tanto a nivel laboral como social.

Las consecuencias de la aplicación de una Renta Básica están por ver, pues lo que conocemos hoy por hoy son experimentos y proyectos piloto, como el BINCOME de Barcelona, ​​que ya nos están proporcionando datos interesantes e importantes de cómo está mejorando el bienestar y la salud mental de la población perceptora disminuyendo el nivel de estrés. En el proyecto piloto de Finlandia estos datos también se pusieron de manifiesto.

Hay que exigir la propuesta de la Renta Básica sin más demora y en un lugar prioritario de la agenda política de la izquierda de este país si queremos dar respuesta efectiva a un conjunto de problemáticas sociales y económicas que podrían mejorar sustancialmente la vida de buena parte de la población.

Fuente: La Directa, núm. 480

Traducción: Roger Tallaferro