Renta básica universal, jornada laboral de 15 horas semanales y fronteras abiertas. Utopías que, para este joven holandés, no son imposibles.

En un mundo donde las fronteras parecen volver a levantarse, hablar de tirarlas abajo puede parecer poco menos que imposible. En una sociedad que cada vez trabaja más y no necesariamente por más dinero, hablar de una jornada laboral de 15 horas semanales puede no ser tomado muy en serio. Y en un contexto en el que cualquier euro de ayuda pública es mirado con lupa, decir que “mañana mismo” se podría fijar una renta básica universal, sonará autopía. “Pero la historia ha probado que el progreso ha venido gracias a hacer realidad lo que parecía utópico”.

Así lo cree Rutget Bregman (Westerschouwen, País Bajos, 1988), un joven pensador e historiador que ha golpeado el debate económico en su país con su libro Utopía para realistas, que llega a España de la mano de la editorial Salamandra. Su idea de la renta básica universal, resultado de una exhaustiva investigación, empieza a ser experimentado a nivel local en Holanda o Finlandia.
Colaborador de The Washington Post o The Guardian, sus planteamientos parten de una base clara: nunca antes el mundo ha sido más rico que ahora: “Tenemos la enorme suerte de vivir en la época actual”. Pero está estancado. El motivo:no se plantean nuevas utopías.

“El gran problema de mi generación es que hemos crecido creyendo que no podemos vivir mejor, porque no hay mucho más que mejorar. Los partidos políticos, especialmente los de izquierda, se concentran en defender lo que ya tenemos, pero no hablan de lo que debe venir después. Creo que eso explica mucho del pesimismo y la nostalgia actual”. Los Donald Trump, Boris Johnson, Geert Wilders, Bepe Grillo, “son populistas que hacen referencia a los años 50 o 60, cuando se supone que todo era mejor. Pero hemos hecho grandes progresos desde entonces, y podemos seguir haciéndolos. Cada logro alcanzado fue antes una utopía. El problema es que hoy no tenemos nuevas utopías”.

Dinero gratis

Bregman defiende que el progreso debe venir de una nueva distribución del dinero y del tiempo. Todo empieza con el establecimiento de una renta básica universal. Algo que “podría hacerse mañana mismo”. Rechaza que sea un planteamiento más propio del comunismo: “De hecho, no hay nada más capitalista que esto. Sería su gran logro. Se proporcionaría un suelo en la distribución de la riqueza, una base desde la que cualquiera puede crecer y decidir lo que quiere hacer en su vida.

Sería como el capital semilla de las startups. Cualquiera podría tomar riesgos. Y el capitalismo es rico por su capacidad para haber tomado riesgos”. Cree Bregman que el dinero gratis sería la inversión más efectiva para erradicar la pobreza. Pone el ejemplo de Ontario, en Canadá, donde el gasto sanitario o la criminalidad han bajado desde que se experimenta con este modelo. “Con una renta básica, millones de personas pobres o que están o en empleos basura van a crear riqueza de verdad”. Sostiene que sería más efectivo que el actual sistema de subsidios, “que es humillante. Debes estar demostrando constantemente que estás lo suficientemente enfermo o deprimido para no trabajar. Si confías en la gente, esta va a tomar buenas decisiones”.

La renta básica se implantaría poco a poco a nivel nacional, hasta convertirse en un estándar global. Bregman cree que existen los medios, los recursos, que en parte vendrían de los impuestos a los más ricos, y el respaldo de las investigaciones, que rechazan que una renta básica sea sinónimo de dejar de trabajar. “La gente tiene ambiciones, y está demostrado que quien tiene una renta básica quiere hacer cosas. La derecha piensa que la gente tiene la obligación de trabajar, y la izquierda no confía en que cada persona pueda tomar sus decisiones”.

Esto liberaría a mucha gente de trabajos basura, y de tener que pasar jornadas maratonianas para ganar un sueldo digno. Le permitiría dedicar el tiempo a cosas más valiosas, como estudiar, fomentar sus aficiones o el voluntariado. “Un estudio en Reino Unido dice que el 37% de los empleados reconocen que sus puestos son prescindibles. Todo el mundo lo sabe, pero no se habla. Es el mayor tabú de nuestro tiempo. Los políticos solo valoran el empleo cuantitativamente”.

Reconoce el autor que la idea de la jornada laboral de 15 horas es más radical, y que necesitaría de más tiempo para lograrse, porque para ello es imprescindible un cambio de mentalidad. “Se entiende el trabajo como algo con lo que gano un dinero, pago impuestos y tengo una relación de jerarquía con otras personas. Yo defiendo que cambiemos la idea del trabajo a aquello que es de interés, útil e innovador. Hay empleos muy cualificados que no son útiles. Y peores que son imprescindibles”.

Pero la utopía más complicada de las tres principales que establece Bregman es la de las fronteras abiertas. “El arma más poderosa contra la pobreza global es la inmigración. Es uno de los grandes impulsores de la prosperidad. Hoy es más utópico que nunca, pero también más necesario”. Critica el papel de la izquierda, incapaz de enviar un mensaje convincente en favor de la inmigración, y sobre todo de los socialdemócratas, “los partidos que votaban los abuelos. Hace un siglo tenían ideas interesantes”.

 

Fuente: http://cincodias.com/cincodias/2017/03/21/sentidos/1490125345_634307.html