Con uno de los 8 de marzo más reivindicativos de los últimos años, tanto el movimiento feminista como el de la Renta Básica viven un momento adecuado para establecer líneas y objetivos comunes.

Algunas críticas a la Renta Básica relacionadas con el trabajo de cuidados apuntan a que va a ser inequívocamente la gran excusa capitalista, la definitiva perpetuación de los roles machistas, comparándola con los postulados de Hantington en los que impostaba una “dignificación” del trabajo doméstico a través de una especie de ayuda por ser ama de casa. Ojo a este condicionante: ¡por ser ama de casa! y no de otra manera ni por otra cosa.

El razonamiento es el siguiente; con la Renta Básica ya están justificados, valorados, reconocidos, etc., de manera finalista, todos los trabajos que hoy recaen en la mujer significadamente, especialmente y sobre todo cuando más se acentúa su crisis, esa en la que ellos no han entrado y dicen en sus medios que nosotras ya estamos saliendo, esa que ayuda a batir récords de beneficios al IBEX.

En definitiva la Renta Básica sería la coartada ideal para que nadie se queje de esos trabajos despreciados, pero estos razonamientos solo vienen a reflejar un profundo desconocimiento de la medida. Precisamente su carácter de incondicional, individual y suficiente es el que la dota de la potente capacidad de transformación social, no solo la material e inmediata sobre la existencia no esclava, sino que también prepara e incentiva a la mentalidad decrecentista, a alternativas, apuestas y actividades ecologistas o feministas.

Una muestra de la incondicionalidad llevada a un ejemplo cercano es no pedir el libro de familia o preguntar a una mujer: ¿tienes hijos para darte una limosna? ¿Estás cumpliendo tu papel asignado que merezca unas monedas? ¿Vas a convivir con un hombre y te vas a quedar en casa? ¿Tu hombre genera suficiente ingreso y te podríamos quitar ya el tuyo? Es decir, ¿te vas a portar bien dentro del lugar en que te “corresponde” ahora que te hemos hecho el favor de darte la existencia?

Estas perversiones precisamente ocurren hoy gracias a los cientos de subsidios condicionados, en que hasta el más generoso de ellos es patriarcal, insuficiente, tortuoso, humillante, estigmatizador o divisor. Sorprendentemente no solo se sigue apostando por estos modelos fracasados, al menos para el objetivo que dicen desear, es que además se trata de reconducir una y otra vez la Renta Básica hacia esta dinámica demostrada inútil como herramienta de cambio.

En el contexto social en que impera un individualismo y competitividad desatadas, con unas cifras de desempleo que actúan, no ya como elemento disciplinador de la clase trabajadora, sino como verdadera amenaza de exclusión y muerte social, a la patronal le resulta bastante fácil, a poco que sea mínimamente inteligente, dividir o incluso enfrentar a colectivos. Todo a la vez que las luchas productivistas y muy sectorializadas se centraron durante décadas en la parte del pastel y no en pensar en ese todo que rodea la elaboración de dicho pastel.

No ocurre así con la Renta Básica que parte, ni más ni menos, del concepto de libertad real de la filosofía republicana y, cuidado, del concepto pero no de la aplicación dada en su época. En otras palabras, nadie es libre si no tiene la existencia material garantizada, sin hacerte más preguntas. Es eso lo que viene a traer la polémica servida, medida controvertida por cuanto viene a romper con la centralidad del empleo que no siempre es útil, deseado, bueno, digno, identificador, etc., aunque le estemos rindiendo culto mientras seguimos despreciando trabajos que realmente son valiosos para la sociedad y todas las capacidades que podrían desplegarse como en oleada, no solo de cuidados sino culturales, artísticas o de medio ambiente.

Para esto último tan solo habría que hacer un ejercicio personal de imaginación sabiendo que la Renta Básica es compatible, a diferencia de las trampas de miseria como la “novedosa” Renta Mínima de Inserción Social (RMI) de Andalucía, con empleos públicos o voluntarios con o sin remuneración, de tres o de seis horas, cercanos al vecindario o limpiando entornos ecológicos algo más alejados. Sin duda esto daría una patada al actual paradigma y, como vienen temiendo algún Rallo que otro, “alteraría las relaciones laborales”, se lamentan.

Ni más ni menos se refieren a que trabajar de varillero o en una hostelería convertida en pocilga laboral y modelo de inversión, empleos hoy lamentablemente destructivos a nivel personal, podría tenerse que pagar mejor o que revisar muy mucho sus condiciones. Pero ¿quien le teme a ese efecto tan deseable? Sin duda nos podemos hacer una ligera idea y son quienes temen a la Renta Básica, no porque les resulte inviable su financiación, de sobra saben que no es un problema de calculadora sino que es un problema, su problema, de control social.

Esto no significa que esa existencia material garantizada venga ni mucho menos a resolver otros dramas sangrantes, es una medida más, medida estrella si queremos decirlo así, pero una más, que goza de la facilidad e inmediatez en su aplicación ante la urgencia, de la eficiencia y eficacia coste/resultados sociales, cosa que no puede decirse de otros planes redistributivos de riqueza, por muy bienintencionados que sean.

A la Renta Básica debemos procurarle un marco repleto de otras muchas medidas políticas, educativas por ejemplo. El tener un carácter de revolucionaria y provocadora es a la vez su fortaleza y en buena parte su debilidad, pues al mismo tiempo que se le reconoce su capacidad de cambios profundos, se le pide de modo velado o no que sea la solución para todo, olvidando que no es un programa sino una medida dentro de nuestro deseable programa para asegurar que el acompañamiento de esta medida sea exactamente el deseado y no una suerte de canje por otros derechos conquistados, como sanidad, educación, soberanía alimentaria o monetaria, derechos que no solo corresponde mantener sino recomponer o recuperar, dado el estado de deterioro que las décadas de hegemonía neoliberal nos han dejado como táctica de tierra quemada. La Renta Básica requiere un proceso de reflexión y estudio del calado de una gran lucha transversal como pueda ser el feminismo y para ambos procesos vivimos buen momento ahora, en que se cruzan las líneas y objetivos, el 8M.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/renta-basica/mujer-trabajo-libertad-real-y-renta-basica