En ciencias políticas la ventana de Overton es el concepto que designa el conjunto de ideas que la opinión pública está dispuesta a aceptar. Todo lo que hay dentro de la ventana es normal y aceptable socialmente, todo lo que queda fuera es radical, ridículo o imposible. La teoría dice que si queremos mover la ventana o hacerla más grande tenemos que aplicar la técnica de “la puerta en la nariz”: empezar por la idea más radical posible para que las ideas menos radicales se perciban como más aceptables por comparación.

La historia reciente de nuestras ideas cabe dentro de una ventana de Overton del tamaño de una mirilla. Situada a la derecha de la derecha de lo aceptable y controlada por los poderes económico, político y militar ha sido sólo a base de revoluciones –individuales, sociales, racionales y tecnológicas– que la hemos podido ampliar hasta convertirla en una ventana de una medida que se aproxima a la de las democracias liberales.

Estamos en campaña y todo lo que los políticos dicen estos días lo es; ellos lo saben y nosotros también. Aplican la estrategia de la “puerta en la nariz” prometiéndonos lo imposible para que nos conformemos con lo posible, que a menudo es ridículo. No me he leído todos los programas electorales (esto ya lo hace Jordi Basté) pero sí he seguido algunos de los debates del último mes y me he entretenido a dibujar ventanas con sus correspondientes “puertas en la nariz” a derecha e izquierda . Algunos de los temas que hay dentro de la ventana actual giran en torno al modelo de estado, a la relación Catalunya-España, al derecho a decidir, al modelo de UE, al rol de la monarquía y al sistema judicial español, temas que sólo hace una década estaban fuera de la ventana.

Hay un tema, en cambio, ausente en el debate público que tiene que ver con la tecnología y con la razón, un tema que ocupa economistas de todo el espectro ideológico y que en otras democracias de nuestro entorno está ya dentro de la ventana. Hablo de la renta básica universal. Robots y algoritmos se quedan con los trabajos repetitivos -sean manuales o cognitivos- y restan poder adquisitivo a clases medias y bajas. Su evolución exponencial hace que las empresas sean cada vez más productivas, pero esta productividad no se refleja en los salarios, que llevan décadas desacoplados de la productividad. En otros momentos históricos las revoluciones individuales, sociales y racionales han puesto dentro de la ventana de Overton temas que parecían radicales, ridículos o imposibles. Ahora es la tecnología y el precariado –las antiguas clases trabajadoras uberizadas– quienes lo ponen dentro. Una renta básica para todos garantizaría una vida digna a las personas y las blindaría contra los cantos de sirena de populismos y fascismos, protegiendo las democracias liberales de las técnicas de “puerta en la nariz” que sólo buscan romperlo.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/economia/20190520/462340966795/overton-en-campana.html