¿Deberían recibir una renta básica los surfistas de Malibú de la misma forma que cualquier otra persona? Sí, porque se plantea como un derecho universal al igual que la sanidad lo es y cualquiera puede acceder. Un derecho universal no estigmatiza a quien lo ejerce, un derecho universal que disfruta tanto un rico como un pobre, beneficia sobre todo al segundo y cohesiona a la sociedad, pero ante todo es un derecho al que todo humano tiene derecho. El ejemplo de los surfistas de Malibú, lo aplica John Rawls en 1988 dentro de su Teoría de la justicia, para criticar por injusta la aplicación de la renta básica. Decía algo parecido a lo siguiente: “Tomemos como ejemplo los surfistas de Malibú. Si pasan sus días haciendo surf, ¡no sería demasiado justo pedir a la sociedad que satisfaga sus necesidades!”. Una persona que trabaja en una fábrica, ¿por qué tiene que mantener a esta panda de vagos que solo surfean y ligotean mientras él se rompe la espalda?  Al primero que perjudica esta postura es a ese trabajador.

Por partes. Una renta básica no te da para vivir en Malibú, quien está todo el día surfeando y no hace otra cosa más, no depende de ese ingreso. Podríamos argumentar que la actividad social y la presencia de los surfistas dinamiza la economía local de forma directa e indirecta, pues serán varias las empresas que viven del ecosistema que producen los surfistas. Ropa, tablas, chiringuitos, eventos, o publicidad. En un plano más recreativo, se podría justificar que a casi todas las personas nos parece una especie de arte, la imagen de una ola enorme y un surfista metiéndose en ella. Que eso no se pueda vender directamente no quiere decir que no cumpla un papel. ¿Es esto una tontería? A nadie se le ocurriría decir que el fútbol es un deporte sin importancia, solo 22 tipos dando patadas a un balón que no aportan nada a nadie: un negocio que mueve al año unos 50.000 millones de dólares.

Pero, ¿le tiene que importar al trabajador que el surfista de Malibú reciba esa renta básica? No, y menos con este panorama delante. En España hay casi 13 millones de personas en riesgo de pobreza. Actualmente hay 6 millones de personas que sufren pobreza severa. Un estudio realizado por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales, indica que casi la mitad de los españoles vivirá en riesgo de pobreza aunque se supere la crisis. El FMI pronostica que para 2019 la tasa de paro española será del 18,5%. En este sentido, el FMI considera que en 2019 España estará cerca del pleno empleo, pleno empleo como  sinónimo de 18% de paro. El 71% de los parados mayores de 45 años lleva más de un año sin encontrar trabajo. Desde 2011 se han destruido 1,3 millones de empleos a tiempo completo y 667.000 indefinidos. En 2010 el 80% de los desempleados ingresaban algún tipo de prestación, al acabar 2014 eran sólo el 57,6%, hoy baja hasta el 54%. Los servicios básicos han subido el triple que los salarios desde el 2007. El salario por hora en España es un 27% más bajo que en la media de la eurozona. La mitad de las horas extraordinarias del 2014 no se pagaron.

El trabajador, precario, indefinido o autónomo, gana en todos los aspectos, el parado también: aumentan su poder de negociación social, se vacunan contra la exclusión y la pobreza y todos cuentan con un ingreso incondicional, que les permitiría pensar la posibilidad de sacar proyectos adelante con más seguridad. ¿No se quiere fomentar que la gente emprenda, que persiga sus sueños, que se desarrolle personalmente, que se lance a probar nuevos proyectos? ¿No se habla de crear un ecosistema para que la gente emprenda? La mejor forma de hacerlo es asegurar las mínimas condiciones de vida dignas, en lugar de depender de los bancos o el capital riesgo. Hay quien dice que esta es una mala idea, porque si bien es cierto que la renta básica aumenta el margen de elección y de maniobra, igualmente implica que se rompe la cooperación del mercado y solo te centras en hacer cosas que te recrean individualmente, pero que a nadie más que a ti le interesan. Este enfoque no es correcto porque entiende la cooperación únicamente enfocada al beneficio económico, confundiendo el hecho en sí de cooperar con una concreta manera de entender la cooperación. El ser humano vive en sociedad, la cooperación es una capacidad genérica y antropológica. Lo que pasa es que algunas de las cosas no tendrían siempre como finalidad la rentabilidad, el valor de cambio, pero eso no quiere decir que no le interesen al resto de las personas o que no sean fundamentales, que no tengan un valor uso. Lo que la gente “quiere” no tiene por qué ser el deseo fomentado desde la publicidad.

El problema por lo tanto, no es la renta básica, es la falta de derechos, la exclusión y la desigualdad. El problema no es fomentar la vagancia por cobrar 645 euros al mes, el problema está en la cantidad de talento y proyectos que nos perdemos a causa de la precariedad y la falta de seguridad. El problema no es que un ingreso garantizado desincentive la búsqueda de empleo, el problema es estar obligado a buscar un empleo que no existe. El problema no es poder rechazar un empleo precario, el problema es que existan empleos precarios porque no se pueden rechazar. El problema está en llamar responsabilidad a las medidas que empeoran las condiciones de vida, y populismo a las que buscan mejorarlas. El problema es pensar desde ellos para explicarnos a nosotros; parafraseando a Frantz Fanon, Piel precaria, máscaras de ricos. Hay otra opción distinta a la de caminar hacia la renta básica, insertada en un cambio de modelo productivo que pone a la vida en el centro de las preocupaciones: culpar a los pobres por su pobreza, por su falta de adaptación y asumir como normal la pobreza laboral y el paro crónico, la falta de derechos y la incertidumbre vital, condenar a sectores de la población a la inactividad y a la sensación de inutilidad.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/13614/piel-precaria-mascaras-de-ricos/