Rudy Gnutti es el director de una película que ha tenido repercusión y que no ha dejado a nadie que la haya visto indiferente: In the Same Boat. Italiano, pero residente en Barcelona desde hace muchos años, Rudy Gnutti es una mente inquieta: músico, director de cine, escritor… Sin Permiso le realizó esta breve entrevista a raíz de un libro suyo que acaba de publicar la Editorial Icaria. Este libro, El mundo sin trabajo, tiene sus orígenes justamente en la mencionada película y trata sobre los siguientes autores: Zygmunt Bauman, Tony Atkinson, Erik Brynjolfsson, Daniel Raventós, Mariana Mazzucato, Rutger Bregman, José Mújica, Serge Latouche, Mauro Gallegati y Nick Hanauer.

Sin Permiso: El mundo sin trabajo es un libro que en parte es fruto de tu película “In the Same Boat”. ¿Por qué?

Rudy Gnutti: Principalmente por dos razones:
Primero porque el argumento del film, cómo plantear un forma de repartir la riqueza en una sistema económico que ha perdido esta capacidad, es un tema de extraordinaria actualidad y en continuo progreso.
Quiero decir que desde cuando Zygmunt Bauman vino a Barcelona a presentar el film (febrero 2016) han pasado dos años, y en este tiempo han nacidos nuevas reflexiones y nuevos interlocutores que me parecía oportuno incluir.
La segunda es por los consejos que me han dado amigos, espectadores del documental, y el mismo Profesor Bauman: un libro facilita la comprensión y da la posibilidad de ampliar el discurso.
Es un libro corto, pero espero que sirva para saber qué opinan, en síntesis, los personajes tan interesantes que he conseguido englobar en el proyecto.

De izquierda a derecha: Zygmunt Bauman, Aleksandra Kania, Heidi Quintero, Daniel Raventós y Rudy Gnutti. Febrero 2016. (Foto cedida por Rudy Gnutti).

Sin Permiso: ¿Por qué un título tan provocador como el de este libro?

Rudy Gnutti: Ojalá fuera provocador. Creo que El mundo sin trabajo, o como mínimo el trabajo-empleo que hemos conocido, no solo será una realidad, sino que es ya ahora mismo una realidad.
En estos años que he tenido la posibilidad de dialogar sobre el tema con expertos de diferentes disciplinas (economistas, sociólogos o científicos) me he hecho un idea cada vez más clara: la cuestión ya no es si seremos capaces de inventar nuevos empleos a la misma velocidad que la tecnología los destruye, sino la cuestión más profunda es: ¿realmente queremos que la tecnología nos libere de la mayoría de las tareas o no?
¿Por qué tendríamos que perder esta posibilidad cuando la hemos buscado desde siempre?
¿Por qué no sabríamos como repartir la riqueza en una sociedad sin trabajo o por qué no sabríamos que hacer con nuestra existencia en un mundo con tanto tiempo libre?
Es curioso, parecen temas casi banales, pero creo que son tan profundos y tan complejos, que por eso digo ojalá no tuviéramos que planteárnoslos.
Zygmunt Bauman creía que podríamos adaptar, con relativa facilidad, la economía a la nueva era tecnológica, pero veía mucho más difícil que seamos capaces de adaptarnos a nivel cultural y social.
Pero quiero ser optimista y creer que “el mundo sin trabajo”, o como lo define el economista del MIT Erik Brynjolffson, la “Atenas digital”, podrá darnos por fin a toda la humanidad la posibilidad de vivir sin tanta desigualdad, sufrimiento y en sintonía con el ambiente.

Sin Permiso: En el libro, como en la película, gran parte de los entrevistados defienden la renta básica incondicional. En realidad esta propuesta se presenta como una conclusión ante la situación actual tanto de la película como de tu libro. ¿Es así? 

Rudy Gnutti: Exactamente. Tenemos que adaptar la economía a la nueva realidad que estamos viviendo.
La verdadera utopía no es la propuesta de la renta básica. Para utilizar las palabras de Rutger Bergman, la utopía es la pretensión de poder solucionar los problemas del siglo XXI con mecanismo del siglo XX.
La renta básica, como ya sabemos, no es una propuesta nueva, pero hoy creo que ha dejado de ser algo “solamente” justo y se ha vuelto un mecanismo útil. Cada vez más estudiosos la consideran indispensable.
Pero no creo que será solo indispensable para que el sistema económico pueda funcionar, sino que será la clave para poder por fin imaginar una economía mucho meno devoradora del nuestro entorno y que sea sostenible.
Como sostiene el profesor Serge Latouche: pasar de un economía basada en el crecimiento infinito a otra basada en la colaboración, redistribución.
La renta básica significa exactamente esto, una posibilidad de cambiar la forma de redistribuir, que a su vez nos daría la posibilidad de cambiar la forma  de producir y de consumir.

Sin Permiso: Has asistido para presentar tu película a los dos últimos simposios de la Red Renta Básica, en Bilbao en 2016 y en Zaragoza en 2017. ¿Cómo crees que está evolucionando el debate sobre la Renta Básica en el mundo en general y más concretamente en el Reino de España?
Rudy Gnutti: Está cambiando, y mucho.
En los simposia que he presentado la película he podido comprobar este hecho.
La renta básica, de una forma u otra, está siendo analizada o directamente propuesta en muchísimos y heterogéneos ambientes.
Unos de los temas que se discute en estos simposia es exactamente este, saber distinguir y valorar las diferentes ideas que se auto denominan renta básica.
Creo que habría que dividir en dos categorías:
1. Las propuestas que tienen nombres parecidos pero que no se parecen en nada a la renta básica (por ejemplo, la propuesta de Berlusconi).
2. Las propuestas que son casi idénticas, pero, por el origen de donde provienen, podrían esconder desagradables sorpresas. Pongamos el ejemplo más representativo: la propuesta de una renta básica que se está estudiando en distintos ambientes de Silicon Valley.
Algunos, en Silicon Valley, la denominan “dividendo tecnológico”, ligando este concepto a la enorme riqueza que están creando las impresas cada vez más tecnológicas y a la dificultad de repartir estos beneficios por falta de empleados, sustituidos por máquinas. Este dividendo podría ser elevado, pero no incluiría los servicios como sanidad y educación. En EEUU esto no parece extraño porque no tienen una tradición en este sentido.
En cambio, en Europa, esto significaría un paso atrás muy grande. Yo personalmente creo que falta información entre los diferentes colectivos o grupos que proponen estas soluciones.
Puede ser que hay divergencias, incluso puede ser que sean imposibles de acercar, pero, a fin de cuentas, creo que a todos interesa una sociedad que funcione. Incluso a los grandes productores de bienes interesa tener más clientes posibles.
En fin, creo que el miedo a ser instrumentalizarlo es razonable, pero también creo que gestos como el de Guy Standing de aceptar la invitación a participar en los encuentros de Davos del 2016 aunque ya sé que son polémicos son una prueba de coraje intelectual que no habría que menospreciar.