El autor de este libro,  Martín Lago Azqueta, biólogo y trabajador de Cáritas con diversas experiencias en distintos países, nos muestra en este ensayo de la editorial Digital Reasons, el enorme potencial de la renta básica universal e incondicional como instrumento para afrontar los grandes retos del momento.
Así, tras un breve prólogo, inicia el capítulo 1 sobre el actual contexto de desigualdad, antropocentrismo y mecanización, donde de forma sucesiva utiliza metáforas para referirse al tránsito de la economía del cowboy a la economía del astronauta, así como el cambio climático y el cubito de hielo, para continuar con el desarrollo económico e inequidad vigentes, así como sobre el antropocentrismo y la mecanización.

En el capítulo 2 aborda el concepto de renta garantizada, distinguiendo entre la renta básica universal y la renta condicionada, utilizando la imagen de hombres y lobos para referirse a las implicaciones éticas de los sistemas de renta garantizada.

En el capítulo 3 reflexiona sobre los efectos de la renta básica universal sobre el empleo, como bien escaso, refiriéndose a la economía digital y la disrupción tecnológica, así como a la economía digital y la competitividad, para preguntarse sobre cómo afectaría la renta básica universal al mundo laboral.

En el capítulo 4 aborda los efectos sobre la pobreza, relacionando la renta básica universal con el feminismo y con la marginalidad.

En el capítulo 5 relaciona la renta básica universal con la fiscalidad, analizando su viabilidad económica, concretamente en España, y abogando por la incorporación de una fiscalidad verde, así como digital. De lo único que discrepo en este tema de la financiación de la renta básica es que, en mi opinión, no debieran retirarse las ayudas contributivas, pues las mismas constituyen un salario dilatado en el tiempo y, además, su compensación acarrearía a quien dejase de trabajar una importante pérdida económica, lo que probablemente contribuiría a la oposición sindical y a la proliferación de seguros privados.

En el capítulo 6 plantea el papel de la Renta básica universal para conseguir una transición ecológica, analizando los diferentes estilos de vida.

En el capítulo 7 describe experiencias desarrolladas en distintos lugares, concretamente el sistema de Rentas Mínimas condicionadas en el País Vasco, y experiencias de renta básica en la India, Finlandia, Alaska, Kenia, Canadá y Holanda.

En el capítulo 8 aborda la viabilidad de la Renta Básica, tanto idea como en la dimensión política.

Finalmente, en el capítulo 9 lo dedica a sacar algunas conclusiones, relacionando la renta básica universal con el destino universal de los bienes.

Aunque el autor no lo mencione, me viene al recuerdo el libro de Rutger Bregman:  Utopía para realistas: a favor de la renta básica universal, una semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras, donde el joven historiador holandés presenta un mundo en colapso, que ha sufrido una de las mayores crisis que hizo tambalear los cimientos del sistema financiero del capitalismo, donde la desigualdad social va en aumento, la clase media desaparece y la brecha entre ricos y pobres aumenta en la misma medida que la riqueza es acaparada por un cada vez menor número de personas. Un mundo dominado por la obsesión de crecer a cualquier precio, con un enorme derroche de recursos y consumismo, en una época donde el desarrollo científico y tecnológico ha llegado a cotas inimaginables, pero sin que seamos capaces de acabar con la pobreza y las desigualdades.

Ambos autores coinciden, apoyándose en estudios y experimentos realizados a lo largo de los años, en creer en que una renta básica universal podría paliar en gran medida la pobreza, y opinan que la entrega incondicionada de dinero es mejor ayuda que las asistencias sociales, pues alguien que vive por debajo del umbral de la pobreza sabe mejor que nadie cuáles son sus principales necesidades, siendo capaz de comenzar una nueva vida. Además, al mejorar su situación se produce un importante ahorro en sectores como los servicios sociales, la sanidad, la justicia, de forma que resulta más barato dar dinero que mantener la burocracia necesaria para desarrollar el actual entramado asistencial. De la misma forma, al disponer de unos ingresos mínimos garantizados, la forma de acceder al mundo laboral sería también muy distinta, permitiendo reducir las jornadas laborales y los accidentes laborales, al igual que el desempleo y la desigualdad entre hombres y mujeres, pues, al contar con más tiempo, las tareas domésticas y los cuidados se compartirían de una manera más justa, aumentando nuestro tiempo de ocio, lo que permitiría una mejora en la satisfacción vital, disminuyendo el estrés, así como reduciendo el cambio climático consecuencia de ser muy inferiores las emisiones de CO2.

Creo que es un interesante ensayo, con una cuidada bibliografía y 76 notas adicionales, donde presenta de una forma clara, rigurosa y amena, un tema de gran actualidad, ante las declaraciones de emergencia climática adoptadas en septiembre de 2019, entre otros, por los Parlamentos español y vasco, estando la existencia de una renta básica universal también presente en dos de los tres escenarios contemplados en el estudio Ciencia/Tecnología 2050 de la Red Millenium. También los conocidos vídeos reproducibles en Youtube Mi empleo, mi futuro (1 y 2) de la Fundación COTEC aluden a la conveniencia de este instrumento.

De otra parte, junto a la referencia que el autor hace al destino universal de los bienes (Constitución Pastoral Gaudium et spes, 69,1), también hay que recordar que la implementación de la renta básica universal permitiría dar cumplimiento al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU de 1966, cuando exige (art. 2.1) que “Cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se compromete a adoptar medidas, tanto por separado como mediante la asistencia y la cooperación internacionales, especialmente económicas y técnicas, hasta el máximo de los recursos de que disponga, para lograr progresivamente, por todos los medios apropiados, inclusive en particular la adopción de medidas legislativas, la plena efectividad de los derechos aquí reconocido.”  En el mismo sentido la existencia de una renta básica universal daría cumplimiento a la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño de 1989, que contempla el reconocimiento por parte de los Estados que la han ratificado del “derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental y espiritual, moral y social” (artículo 27.1), a la vez que compromete a los Estados Parte, de acuerdo con sus condiciones nacionales y sus medios, a adoptar las medidas necesarias para ayudar a los padres, madres y a otras personas responsables de los niños y niñas a dar efectividad a este derecho y, en caso necesario, proporcionar asistencia material y programas de apoyo (artículo 27.3), e igualmente en el artículo 4 de la Convención se recoge la obligación de adoptar estas medidas “hasta el máximo posible de los recursos que se dispongan”.

Conviene recordar que en 2017 el documento Somos socialistas. Por una nueva socialdemocracia de Pedro Sánchez, concretamente dentro del apartado 3 “Los retos estratégicos de nuestro tiempo” y en el subapartado 3.2.5 “La organización del trabajo humano. ¿Hacia una Renta Básica Universal?”, parágrafo 86, decía textualmente: Apoyando la propuesta del PSOE de un Ingreso Mínimo Vital, y la iniciativa de los sindicatos, ya aprobada en el Parlamento y defendida por el PSOE, de establecimiento de una renta mínima, estos objetivos deberían avanzar hacia una naturaleza estructural dentro del sistema fiscal, y tener posibilidades de progresar en el futuro hacia una Renta Básica Universal. Por ello habría que valorar la viabilidad de un Impuesto Negativo sobre la Renta, en el que se fijara, de acuerdo con el nivel de pobreza existente en estos momentos, un objetivo de renta mínima para todos los ciudadanos, con derecho a percibir de la Hacienda Pública unos abonos por un porcentaje de la diferencia entre los ingresos anuales que sean menores (sean éstos por trabajo, subvenciones, etc…) y ese mínimo garantizado por persona, con un compromiso de ir aumentando dicho porcentaje en el futuro, de acuerdo con las posibilidades presupuestarias y las necesidades sociales. Una iniciativa de este tenor, en la que el porcentaje está fijado en cantidades básicas y es compatible con ingresos por trabajo, no desincentivaría la búsqueda activa de empleo.

Igualmente, el Acuerdo de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de 23 de enero de 2018, con 48 votos favorables, frente a 33 contrarios y 12 abstenciones, aprobó la resolución dirigida a que los Estados tomasen en consideración experiencias piloto que permitieran conocer la validez de una renta básica ciudadana. En este sentido la renta básica universal constituye un punto de interés relevante del Observatorio Toshare, para un reparto justo de la riqueza, creado en diciembre de 2018 en la UPV/EHU.

En definitiva, este libro aporta una sólida reflexión y demuestra que la renta básica universal es un importante instrumento de inversión social y económica, que permitiría alcanzar muchos de los Objetivos de Naciones Unidas para el desarrollo sostenible 2030, muy especialmente los referidos al fin de la pobreza (ODS 1), hambre cero (ODS 2), salud y bienestar (ODS 3), trabajo decente y crecimiento económico (ODS 8), reducción de las desigualdades (ODS 10), acción por el clima (ODS 13), y vida de ecosistemas terrestres (ODS 15).