Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocrático (Anagrama, 2019). Sara Mesa

Pocas veces un libro me había removido tanto por dentro. Supongo que cuando uno ha vivido de cierta manera lo que el relato muestra, lo natural es que el hipocampo se ponga a funcionar y conforme avanzamos en la lectura, escarbemos en nuestros recuerdos más dolorosos.

Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocrático (Anagrama) es el libro más reciente de Sara Mesa (Madrid, 1976). Es una de las autoras de narrativa que con más fuerza ha irrumpido en el panorama literario, y sus títulos Cicatriz y Cara de Pan, ambos editados por Anagrama, han sido éxitos de crítica y ventas.

En la nota inicial de esta obra, la autora hace un repaso muy rápido sobre los datos de pobreza en el Reino de España. A su vez, da nombre a este drama social introduciéndonos en el término aporofobia, acuñado por Adela Cortina hace ya diecinueve años.  Ha sido una sorpresa muy grata para mí descubrir que Sara Mesa es defensora de la Renta Básica, ya que en esta nota inicial hace referencia a esta idea y a algunos de los autores más relevantes sobre este tema, como Daniel Raventós, Philippe van Parijs o Guy Standing.

En este libro encontraremos la historia de Carmen, una mujer sin hogar y enferma que malvive mendigando en las calles de Sevilla. Beatriz, una mujer que en su camino al trabajo pasa todos los días delante de Carmen, un día repara en ella. ¿Cómo puede ser que esta mujer esté pasando todo tipo de calamidades, si existen unos servicios sociales que velan por las personas sin recursos? A partir de ese momento, Beatriz intenta ayudar a Carmen a acceder a la Renta Mínima de Inserción Social de la Junta de Andalucía, una ayuda para personas con bajos recursos que oscila entre los 420 y los 780 al mes, en función de los miembros que compongan la unidad familiar.

Carmen, debido a sus experiencias anteriores con los servicios sociales, muestra su incredulidad ante la posibilidad de que la Administración le vaya a sacar de su situación. En cambio, Beatriz se muestra esperanzada ya que el gobierno andaluz ha hecho gala de que esta “renta para pobres” llegará a 42.000 familias andaluzas. Durante el relato iremos viendo cómo se van chocando una y otra vez con las paredes del laberinto burocrático.

A medida que se van encontrando con los obstáculos para acceder a esta renta condicionada, la autora plantea que la excesiva burocratización y los requisitos absurdos para acceder a este subsidio llevan a que sus potenciales perceptoras no se encuentren en riesgo de exclusión, sino que se encuentren excluidas desde un primer momento al no cumplir los requisitos. Mesa hace hincapié en los “mientras tantos”, los largos períodos que suceden desde el primer contacto con servicios sociales hasta que finalmente recibes (si es que la recibes) la ayuda. Yo he vivido en mis propias carnes los “mientras tantos”, y no me entra en la cabeza que a una persona en un despacho de la administración de turno le parezca que alguien pueda estar sin ningún tipo de sustento económico durante seis o siete meses.  Y como esto, muchos ejemplos que nos encontraremos en este libro.

Por ejemplo, un requisito para cobrar cualquier ayuda de este estilo es el empadronamiento en el municipio. Cuando eres una persona sin hogar y enferma, acceder al padrón puede no ser posible. Si no estás en el padrón, no existes para la Administración, y por lo tanto, no tienes derecho a nada. Como expresa la autora, para solicitar la ayuda hay que ser pobre, pero no tanto.

Este es solo un ejemplo de lo que nos podemos encontrar en este maravilloso relato, lleno de realidad que a veces nos golpea en la cara para hacernos ver que estamos viviendo en un sistema que no garantiza una existencia digna.

A través de libros como este, fáciles de leer y con una carga emocional significativa, quienes defendemos un sistema de protección social diferente, en el que la Renta Básica Incondicional nos proporcione una red de seguridad que millones de personas en este país han perdido, podremos llegar al público general.

La pobreza está invisibilizada, y tenemos que hacer que salga al debate público. Que la gente del común pueda ver con sus ojos el resultado del fracaso de un Estado del bienestar mermado y desigual en el que lo único que crece es la aporofobia. Según indica la autora, olvidamos que el origen de la pobreza es la desigualdad. Nos compadecemos al ver los síntomas de la enfermedad, pero preferimos ignorar el diagnóstico.

Sin duda alguna, Sara Mesa ha sabido identificar y plasmar en un libro la locura del laberinto burocrático, relatando con claridad, sencillez y sinceridad cómo las rentas condicionadas han demostrado sobradamente su ineficacia en la lucha contra la pobreza.

Fuente: www.sinpermiso.info