Si un día los más grandes productores de petróleo requiriesen euros para sus barriles, “podría ser para las finanzas el equivalente de un ataque nuclear”, según Bill O’Grady, analista comercial de A.G. Edwards.

“Todos saben que la verdadera razón de la beligerancia estadounidense no es el programa nuclear iraní, sino la decisión de lanzar un mercado de valores del petróleo, en el que éste habrá de ser comercializado en euros, en vez de en dólares de Estados Unidos… Este mercado de petróleo romperá el dominio del dólar y conducirá al declive de la hegemonía mundial estadounidense”, según Igor Panarin, politólogo ruso.

De repente, la historia del mercado de valores petrolífero propuesto por Irán ha ingresado en los principales medios de comunicación, poniendo al descubierto las auténticas razones detrás de las actuales hostilidades de Washington contra Teherán. Hasta ahora, los analistas habían pasado por alto la importancia del próximo cambio de moneda petrolera como una teoría izquierdista conspirativa de Internet, indigna de mayor consideración. Ahora, la Associated Press ha aclarado el asunto mostrando que un mercado de valores petrolífero en Irán “podría conducir a muchos bancos del mundo a convertir en euros algunas de sus reservas en dólares, causando muy probablemente un declive del valor del dólar”.
Actualmente, el mundo está inundado de dólares, así que incluso un pequeño movimiento podría desencadenar una recesión masiva en los Estados Unidos. No hay asomo de teoría “conspiratoria” aquí. Es simplemente cuestión de oferta y demanda. Si lel mercado de valores petrolífero provoca menos demanda de dólares, el valor de esta moneda se hundirá en consecuencia; incrementando los precios de la energía, las viviendas, los alimentos y otros productos.

El petróleo ha estado ligado al dólar desde los 70, cuando la OPEP acordó comercializar exclusivamente en dólares. Esto proporcionó a los Estados Unidos un monopolio de hecho que le ha permitido mantener elevadísimos déficit, sin temor a agobiantes incrementos de los tipos de interés. Como Bill O’ Grady de, A.G.Edwards, dijo: “Si la OPEP decidiera que no quiere más dólares, podría ser el fin de la hegemonía estadounidense: el fin del dólar como la única moneda de reserva.”

“Si el dólar pierde su estatus como moneda mundial de reserva, los Estados Unidos se verían forzados a buscar fondos para su enorme déficit recurriendo al incremento del comercio, lo que tarería consigo el aumento de las presiones inflacionistas” (AP).

No hay posibilidad de que los Estados Unidos consigan una balanza comercial positiva en el futuro más inmediato. Bush ha atacado salvajemente al sector manufacturero “exportando” cerca de 3 millones de empleos y cerrando plantas en todo el país. Esas políticas de “libre comercio” cortas de miras y el recorte enorme de los tipos de interés disfrutado por los más ricos implican que los estadounidenses tendrán que hacer frente a unos gastos de energía que se pondrán por las nubes, provocando la hiperinflación del dólar. No hay manera de rebobinar de forma suficientemente rápida para “encontrar el camino” a través del sector manufacturero fuera del cenagal de los números rojos.

Actualmente, la deuda nacional monta la friolera de 8,4 billones de dólares, que hay que añadir a unos no menos angustiosos 800 mil millones de déficit comercial (el 7 por ciento del PNB). El constante incremento de la demanda de dólares en el comercio petrolífero es la única cosa que ha preservado al dólar entrar en caída libre. Incluso una pequeña conversión podría erosionar el valor del dólar y precipitar su liquidación.

En este momento, el petróleo se vende exclusivamente en el Mercado del Petróleo de Londres y en el Mercado de Nueva York, ambos propiedad de inversores estadounidenses. Cuando se abra el mercado de valores petrolíferos iraní, los bancos centrales del mundo reducirán sus reservas de dólares para mantener una parte de su efectivo en euros. Este es el paso lógico para Europa, que compra el 70% del petróleo iraní. También es la opción razonable para Rusia, que vende dos terceras partes de su petróleo a Europa, pero que –aunque parezca mentira— continúa haciendo esas transacciones en dólares.

Washington ha podido mantener su monopolio mediante el respaldo de muchos regimenes corruptos y represivos en los estados del Golfo. La opción prudente para Arabia Saudita podría ser abandonar el muy endeudado dólar y mejorar sus ganancias con el más fuerte euro. Lamentablemente, el Tío Sam tiene un arma apuntando a su cabeza. Arabia Saudita entiende que una transición tal, invitaría a dar la misma respuesta que recibió Saddam seis meses después de que pasarse al euro, cuando fue apartado mediante un “golpe de terror y pavor” (shock and awe).

A pesar de las consecuencias, el gasto despilfarrador, la bajada de los tipos de interés que dejan al presupuesto sin un céntimo y el espeluznante incremento en la oferta de moneda (la Reserva Federal ha doblado la oferta de moneda en tan sólo una década) empujan al dólar al vertedero. China y Japón (que disponen de 1,7 billones de dólares acumulados en valores y efectivo) ya están abandonando gradualmente el dólar por el euro, pero la Reserva Federal se ha cuidado de que la opinión pública siga ignorando la magnitud de los daños abandonando la publicación del índice M-3 (1) de las entradas por importaciones. El Banco Central Europeo y el Banco Central del Japón están tratando frenéticamente de ocultar la probabilidad del colapso del dólar emitiendo declaraciones cuidadosamente redactadas, a fin de aplacar el miedo público mientras se preparan para una retirada “ordenada”.

Pero no será “ordenada”. El dólar ha perdido un 5 por ciento respecto al euro desde abril, y está bajando rápidamente. La bolsa de Irán podría ser la última sacudida que empujara al dólar al despeñadero. ¡Amarga lección para quienes, ignorando los fundamentos económicos, se empeñaron en construir su casa sobre un arenal! Paul Volcker anticipó ese escenario, cuando el año pasado declaró que nunca había visto tal cantidad de desequilibrios y predijo “un 75 por ciento de probabilidades de derrumbe del dólar en los próximos cinco años”.

Volcker tenía razón, pero el economista asesor Peter Grandich lo resumió aún mejor cuando afirmó: “el único que no sabe que el dólar está muerto es el dólar”.
Preparémonos para el réquiem.

(1) Nota de los traductores: El M-3 (así como los M-0, M-1 y M-2) son distintos agregados utilizados para medir la cantidad de moneda. Un número incluye a los menores. Así, el M-3 incluye a todos los demás. El M-0 es el agregado menor (es el total de dinero efectivo más las cuentas mantenidas en el banco central que pueden ser transformadas en dinero efectivo). El M-3 incluye además del M-0 otros conceptos monetarios como las cuentas corrientes, las cuentas de ahorro, los certificados de depósito, los depósitos en eurodólares y los pactos de recompra, entre otros.

Traducción de Julie Wark y Daniel Raventós

www.sinpermiso.info, mayo 2006