¿Para todos con el asenso de (casi) todos?

Daniel Raventós (Coord).
La Renta Básica. Por una ciudadanía más libre, más igualitaria y más fraterna. Barcelona, Ariel 2001, 237 páginas. Traducción de los ensayos de Herbert A.Simon, Philippe Van Parijs y Sally Lerner/Charles M.A.Clark /W. Robert Needham: Manuel de Losada.

Wilder y Diamon describen como Fran está absolutamente aburrida. Un pesado ejecutivo, atributo sin duda netamente extendido en este subconjunto de humanes, le está explicando insulsas historias sobre su yoísmo inagotable. De repente, sus ojos, los ojos de Fran, se iluminan. Sheldrake, el ejecutivo en cuestión, le está explicando, lleno de absoluta y significativa incomprensión, que un subordinado díscolo y absurdo le ha negado el apartamento para su cita con ella. En lugar de darle la llave del piso le ha devuelto la reservada para los jefes medios y, por tanto, se ha autodespedido. Fran deja tirado al plúmbeo ejecutivo, se levanta inundada de felicidad, corre por las calles hasta llegar al apartamento donde Bud está sólo descorchando una botella de champán. Entra, se sienta a su lado, toma una baraja de cartas y reanudan la partida pendiente. Mientras ella da cartas sin mirarle, Bud, el inolvidable Jack Lemmon, el recordado protagonista de Desaparecido, le confiesa apasionado su amor: “La quiero, señorita Kubelik”. Fran, la señora K, saca una carta y exclama: “Siete”, y, mirando la carta de Bud, añade “reina”, y le pasa la baraja a Bud. Este, extrañado, le pregunta: “¿Me ha oído? Estoy loco por usted”. Ella sonríe, se quita el abrigo y sonriendo exclama: “Cállese y juegue”. Bud, sin apartar los ojos de Fran, empieza a repartir mientras una expresión de pura alegría inunda su rostro.

Pero la visita del pájaro de la felicidad no el único argumento de la obra ni abarca todo el paisaje posterior a la batalla. Fran y Bud se aman sin duda y son felices por ello pero están casi condenados a la marginalidad. Ambos están en el paro, sin trabajo, con escasas ayudas, y los tiempos, aquellos, estos, no son instantes adecuados para la lírica ni tampoco para una épica digna. Éste es sin duda uno de los inconvenientes que acompañan a las actuaciones dignas y no serviles de los trabajadores reales en este mundo realmente existente. La renta básica universal es una propuesta que intenta posibilitar comportamientos tan honestos como el narrado sin tener forzosamente que rozar el heroísmo de Espartaco o del poeta pastor oriolano.

La Renta Básica, cuyo hermoso subtítulo trinitario ilustrado no debería pasar desapercibido al lector, reúne un total de trece contribuciones sobre este debatido asunto. Su coordinador, Daniel Raventós, no es sólo profesor del departamento de metodología de las ciencias sociales de la Universidad de Barcelona, sino cara visible, cuerpo organizador y alma argumentativa de esta propuesta en los territorios que él mismo suele designar con la singular denominación de “Reino de España”.

El libro, como indica el mismo Raventós en su Prólogo (pp.15-18) está dividido en tres secciones. En la primera -”General”- se reúnen los trabajos del mismo Raventós, de Van Parijs y de José Antonio Noguera, que presentan una aproximación global al tema, no forzosamente introductoria, de mayor a menor generalidad. Aquí encontramos las siguientes definiciones, tal vez equivalentes de la noción “renta básica”: a) “se trata de un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quién conviva” (Raventós, p.21); más sucintamente: “un pago por el mero hecho de poseer la condición de ciudadanía”, o b) “Por renta básica universal entiendo el pago de un ingreso por parte de un gobierno, de una cantidad uniforme y a intervalos regulares, a cada adulto miembro de la sociedad. Este pago se realizará y se determinará sin tener en cuenta si la persona es rica o pobre, si vive sola o o con otros, si desea trabajar o no. En la mayoría de versiones -ciertamente en la mía- se garantiza no solo a los ciudadanos sino también a todos los residentes permanentes” (p.45).

En la segunda sección, que incluye aportaciones más específicas, pueden verse los trabajos de Imanol Zubero, de Rubén Lo Vuolo, de Rafael Pinilla y la concreción de una propuesta de renta básica para el Canadá, elaborada por Sally Lerner, Charles M. A. Clark y W. Robert Needham. El lector entenderá que señale la excelencia de estilo y de argumentación, así como el hermoso título del trabajo de Imanol Zubero: “Repensar el empleo, repensar la vida”.

La última sección -”Glosas”- se compone de las intervenciones de Andrés de Francisco, Antoni Domènech, Fernando Aguiar, Herbert A. Simon y David Casassas y Germán Loewe. Aquí nos encontramos, por una parte, con dos interesantes polémicas: la mantenida por Domènech y De Francisco en torno al carácter ecuménico o no de la propuesta y las consideraciones sobre problemas de incentivos señalados por H. A.Simon (pp.225-226) en su penetrante comentario a la contribución de Van Parijs, y, por otra parte, con un intervención crítica de Aguiar a la universalidad de la propuesta. Las obvias limitaciones de una reseña justificarán acaso que me centre en algunas de estas últimas aportaciones.

Andrés de Francisco, después de trazar una sucinta justificación deontológica de la propuesta (p.179), discrepa del carácter ecuménico de la misma, esto es, de la afirmación de que dado que la renta básica es compatible con diversos e incluso opuestos idearios normativos, será capaz de conseguir apoyos en un amplio espectro político que podrían extenderse desde el centro derecha -derecha extrema excluida- hasta la izquierda radical. Su argumentación sucinta sería la siguiente: 1. Una RB de escasa cuantía sería una trampa para la izquierda envuelta en el halo del ecumenismo. 2. Una RB robusta, esto es, de una mayor cuantía no especificada, sin negar posibles problemas de desincentivación del trabajo, sería la única que podría “garantizar la independencia y fortalecer las condiciones de libertad de los individuos“ (p.181). 3. Luego, por tanto, si la RB es mínima será (casi) ecuménica pero sería un suicidio para los objetivos de la izquierda dado que acaso serviría para limar disfuncionalidades del sistema, o, por el contrario, y ésta es la posición defendida por AdF, si ésta tiene una cuantía adecuada será tan solo vindicable desde una óptica de izquierda -sin especificar- pero en todo caso perderá su carácter ecuménico.

Domènech señala en su respuesta (pp.185-191) la existencia de dos distorsiones en el escrito de AdF y apunta a una línea de combate social por la renta básica que continúe la vindicación no finalizada de los derechos de la ciudadanía. Se trata de situar la exigencia de la RB “como la continuación de una secular lucha por derechos constitutivos, no instrumentales” (p.187). El ecumenismo interesante y políticamente fértil de la propuesta pasaría, según Domènech, por una línea argumentativa que pudiera ser resumida del modo siguiente: 1. Las dimensiones de la pobreza son un escándalo que afecta a cualquier ciudadano que haga un uso plausible de la razón pública (punto de partida que parece admitir aspectos consecuencialistas en el debate). 2. Sin discutir los méritos o deméritos del orden económico vigente, debe admitirse que no se ha conseguido erradicar esa desvergüenza universal ni se ve camino alguno que conduzca a su superación. 3. En el momento en que los partidarios de la RB consigan eliminar de la opinión pública las apelaciones a posibles consecuencias nefastas de su implantación, se habrá ganado la batalla decisiva.

La sucinta respuesta a la crítica crítica de AdF, cuya templanza recuerda sin duda el tercer movimiento de la novena de Beethoven, admite algunas de las consideraciones de AD pero no le aleja de su posición central: “la propuesta de una RB no es prima facie ecuménica porque no es independiente de su concreción económica” (p.193).

La aportación de Aguiar1, tal vez la más crítica a la propuesta discutida, señala que la RB al pretender ser universal y pagarse también a los sectores enriquecidos no está bien armada para combatir la polarización social. Su argumentación sigue el siguiente desarrollo: 1. En una determinada sociedad, puede haber mucha polarización pero poca desigualdad, dado que la población se agrupa netamente en dos ámbitos muy diferenciados son escasa desigualdad en su interior. 2. La RB puede contribuir a paliar la desigualdad pero, en cambio, es menos eficaz para atajar la polarización que una renta condicionada. En su opinión, “Bill Gates no cobraría la RB condicional, lo que no supone que no tuviera derecho a ella si se arruinara o regalara todo su dinero para dedicarse a una vida contemplativa” (p.200).

No es esta reseña lugar adecuado para entrar en una discusión detallada sobre estas u otras cuestiones de fondo, pero tal vez sí para señalar algunas cuestiones sin duda laterales:

1. La edición del libro es muy correcta, sin erratas observables en gráficos o desarrollos matemáticos, pero tal vez hubiera sido oportuno indicar el nombre del traductor de algunos de los ensayos en lugar destacado, más allá de la información que Raventós nos da en su presentación. Las algo ostentosas mayúsculas que inician “Renta” y “Básica” en el título del volumen podría alterarse por modestas minúsculas sin pérdida alguna de significatividad y no acaba de verse la inclusión de la aportación de David Casassas y Germán Loewe (“Renta básica y fuerza negociadora de los trabajadores”) en la sección 3ª. Tal vez la 2ª hubiera sido un destino menos forzado.

2. Augusto Monterroso escribió el que sin duda es el cuento más breve de todos los cuentos: “Cuando despertó el dinosaurio aún estaba allí”. El lector encontrará, probablemente sorprendido, el apartado más breve de todos los artículos publicados o concebibles, sobre este o cualquier otro tema, en el capítulo 2º de Van Parijs (“La RBU y algunas alternativas”, p.48) : cinco líneas.

3. Es mérito destacable, además de las polémicas indicadas, la inclusión de una contribución crítica como la de Aguiar a un punto sustantivo de la propuesta. Por ello, hubiera sido conveniente la inclusión de otras aportaciones en esa línea enmendadora. Como el coordinador ha dado pruebas infinitas de no querer negar a nadie la voz ni la palabra, tal vez ello implique la conveniencia de un próximo volumen.

4. La prioridad que Raventós apunta de la fundamentación normativa sobre el estudio de la posibilidad técnica de esta u otras propuestas político-económicas (pp.25-26) es sin duda encomiable, pero no acaba de verse la necesidad lógica de esa prioridad. Igualmente podría sostenerse que si algo no es viable técnicamente, no tiene excesivo sentido discutir su conveniencia o inconveniencia moral.

5. La definición de la propuesta incluye la extensión de la misma “a cada miembro de pleno derecho de la sociedad” (o expresión equivalente). Acotar dicho ámbito parece esencial para discutir provechosamente sobre la propuesta.

6. Más allá de su fundamentación normativa y su viabilidad técnica, podríamos preguntarnos, si admitamos un mínimo ámbito consecuencialista, sobre los efectos psicosociales de una medida de esta naturaleza. La experiencia acumulada en algunas sociedades por la concesión de ciertos subsidios condicionados podría sin duda ayudarnos.

7. Van Parijs señala en su contribución algunos de los antecedentes de la propuesta discutida. Entre ellas, las de Joseph Charlier y John Stuart Mill. En el año del centenario de Sir Karl Popper se me concederá poder finalizar este comentario con este breve paso de “Utopía y violencia”, uno de los ensayos recogidos en el clásico Conjeturas y refutaciones: “(…) luchad por la eliminación de la miseria por medios directos; por ejemplo, asegurando que todo el mundo tenga unos ingresos mínimos” (pp.431-432).

(1) Una respuesta al trabajo de Fernando Aguiar puede verse en Daniel Raventós y José Antonio Noguera, “La renta básica de la ciudadanía”, Claves de razón práctica, nº 120, marzo 2002, pp.33-43.

El Viejo Topo, núm. 167-168, julio-agosto 2002