Un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva. Esta es la propuesta de la Renta Básica de Ciudadanía (RB). Una propuesta que está despertando un creciente interés entre los más diversos sectores sociales. El filósofo Schopenhauer dejó escrito que toda verdad pasa por tres estadios: el primero consiste en el intento por parte de sus opositores de ridiculizarla; el segundo, el de ser objeto de la virulencia crítica por parte de estos mismos opositores; finalmente, llega a ser una verdad evidente por sí propia. La propuesta de la RB ya ha pasado el primer estadio, aunque hay aún algún despistado que intentando ridiculizar la propuesta se pone en ridícula evidencia a sí mismo. Hace algún tiempo que estamos inmersos en el segundo estadio que parece difícil franquear: cuando hay poderosos y claramente identificados intereses que se sienten amenazados por tan democrática propuesta (democrática por esta sencilla pero subversiva razón: extender a toda la población las bases materiales de la existencia ciudadana) la suerte de la misma no se dirime solamente con razones. Le ocurrió a la propuesta del sufragio universal masculino. Le volvió ocurrir a la propuesta ampliada del sufragio realmente universal (masculino y femenino).

Algunos políticos españoles o catalanes decían a los partidarios de la RB hace no muchos años: “Es una propuesta realmente bien argumentada ética y políticamente, pero hacen falta números”. A los números voy a dedicar las próximas líneas.

Pronto se publicará un estudio que ha dado unos resultados que han impresionado a los propios autores (1). Este estudio está basado en una gran muestra de 210.000 declaraciones del IRPF de Cataluña y consiste en la financiación de la RB a partir de una reforma del actual IRPF. Se opta por este camino porque se ha tenido acceso a datos individualizados de este impuesto, pero también porque el IRPF es especialmente útil para apreciar la redistribución resultante de la renta. Las principales características de la propuesta que realiza la investigación son: 1) una RB universal pagada a toda persona de forma incondicional; 2) la RB reemplaza cualquier otro tipo de renta o pensión pública de cantidad inferior (en el caso de que la antigua percepción sea más alta, la RB se complementaría hasta llegar a la citada percepción); 3) la cantidad anual de RB es de 5.414,4 euros por adulto y de 2.707,2 euros para los menores; 4) Se establece un tipo único nominal del 57,5% para todas aquellas rentas superiores a la RB, la cual está completamente exenta de impuestos.

Este 57,5% provocará que más de uno se lleve inmediatamente las manos a la cabeza ante “semejante barbaridad”. Que nadie se deje impresionar. Si calculamos el tipo efectivo (el porcentaje que realmente se paga después de haber transferido la RB) por decilas de renta (es decir, ordenando a la población según renta y dividiéndola en 10 partes iguales), resulta que del 10% al 50% de la población con menos renta, tendría un tipo negativo (del -269% al -4,70%), en los tramos del 60% al 90, los tipos efectivos oscilan del 4% al 29%. En el último tramo, el que agrupa al 10% más rico, el tipo efectivo resultante es del 45%. Es decir, que el 57,5% nominal es “muy escandaloso”, pero cuando se contempla como tipo efectivo los resultados no son tan espectaculares.

Con estas características, el modelo (que permite muchísimas variaciones modificando solamente la cantidad de RB, el tipo único o los tramos elegidos) llega a los siguientes resultados: 1) La reforma se autofinancia; 2) La redistribución de la renta que resulta es mucho más igualitaria que en la situación de partida, la actual; 3) El 70% de la población catalana gana con la reforma, el 20% más rico pierde y el resto queda más o menos igual.

Es importante subrayar que cambiando la base de datos, este estudio de microsimulación es perfectamente aplicable al conjunto del Reino de España o a países con sistemas fiscales parecidos.

Indirectamente, el estudio también ha podido constatar que, a partir de los IRPF realmente existentes, o bien en Cataluña hay muy pocos ricos, o los ricos que hay no lo son mucho. Algo que lleva a dos posibles conclusiones. La que podríamos calificar de candorosa-respetuosa: todo el mundo declara más o menos lo que debe. La que podríamos calificar de escéptica-realista: la parte más rica de la población comete un inmenso fraude fiscal.

(1) ARCARONS, J., BOSO, À., NOGUERA, J.A. y RAVENTÓS, D. (2005) Viabilitat i impacte d’una Renda Bàsica universal, Fundació Jaume Bofill, Barcelona (en prensa).
El Periódico de Cataluña, 4-3-2005