Desde 2001, año en el que se celebró el Primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, Brasil, este foro se concibió como un punto de encuentro e instrumento de lucha de una sociedad civil en resistencia que, a escala internacional, intenta construir y consolidar cada vez más el horizonte conceptual de que “otro mundo es posible”.
El curso de los años ha confirmado que el Foro Social Mundial continúa siendo el principal evento que logra reunir a las izquierdas, que invita a que movimientos sociales, campesinos, organizaciones civiles, redes, sindicatos, pueblos indígenas, activistas y ciudadanos de todo el mundo podamos reflexionar, debatir y construir alternativas en contra del dominio del capital y de sus procesos de exclusión y depredación más lacerantes.
En el 2009, el octavo Foro Social Mundial se llevó a cabo del 28 al 31 de enero pasado en Belém do Pará, territorio bellamente compenetrado en la región amazónica, que en todo momento, nos mostró la generosidad de sus ríos de agua dulce, y en su infinitud de verdes, nos dejó contemplar un pedazo de la variedad de flora y fauna de nuestro planeta. Belém, en su belleza natural, nos reiteró que fue sede escogida como emblema que nos hiciera recordar la importancia de preservar y cuidar la riqueza y diversidad de la naturaleza frente a los peligros ambientales que genera el calentamiento global.
En Belém se dieron citan 133 mil personas de 142 países de los cinco continentes que participaron en algunas de las 2 mil 310 actividades autogestionadas. Se inscribieron 489 instituciones, organizaciones, colectivos o movimientos de África, 119 de América Central, 155 de México y América del Norte, 334 de Asia, 4 mil 193 de América del Sur, 291 de Europa y 27 de Oceanía. Además de esta gran presencia internacional, diversos países realizaron en sus territorios actividades relativas a este encuentro dando motivo a que el Foro en Belém se denominara “Belém expandida”.
Algunos análisis actuales sobre el FSM coinciden en que este evento se ha ido modificando en la diversidad de actores y temas, en su capacidad de articulación y en el significado de su lucha. Estos elementos que pueden ser explicados como parte de un proceso interno de pulimiento organizacional, son reflejo de una dinámica más compleja, puesto que este espacio muestra la diversidad de actores que se han ido sumando a la discusión y participación efectiva en temas locales, nacionales, regionales y mundiales, que se han tornado urgentes en la discusión pública internacional; refleja también, que su articulación impone uno de los mayores retos, ya que estos procesos de internacionalización de luchas sociales y políticas deben lograr una interconexión con los procesos nacionales de cada país; y finalmente, evidencia cada vez más la necesidad de pasar de una fase defensiva -como lo fue al inicio- a una fase constructiva de alternativas civiles y de gobierno.
Con la intención de aprovechar un encuentro que se plantea la discusión de los temas más sentidos de la cuestión social y la construcción de alternativas frente a un mundo que continúa marcado por enormes desigualdades económicas y sociales, la asociación civil Ingreso Ciudadano Universal-México y el Senador brasileño Eduardo Suplicy, del Partido de los Trabajadores, tuvimos interés por organizar la conferencia: “Las perspectivas de la Renta Básica en América Latina”.
A esta cita asistimos: Pablo Yanes, Presidente del Ingreso Ciudadano Universal-México A.C.; Célia Lessa Kerstenetzky, Profesora de la Universidad Fluminense, Brasil; Clovis Zimermmann, de la Red de información y acción por el derecho a alimentarse – FIAN, Brasil; Makieze Medina, activista de Ingreso Ciudadano Universal-México A.C.; Senador Eduardo Suplicy, PT; José Augusto Pereira, Presidente Municipal de Santo Antonio do Pinhal en São Paulo; y el Ministro Patrus Ananias, Secretario de Desarrollo Social de Brasil.
Pablo Yanes, inició la mesa de debate con una profunda reflexión frente a la actual crisis económica global. Enfatizó la necesidad de adoptar propuestas alternativas que nos lleven a considerar que “la posibilidad de que otro mundo es posible no es un ideal sino una necesidad”. Cuestionó y criticó el actual paradigma de política social neoliberalista que ha privilegiado las políticas de transferencia de renta condicionada para los más pobres, logrando que el imaginario colectivo las identifique como una prioridad del desarrollo social y del combate a la pobreza, hecho que ayuda a vaciar conceptualmente la noción de desarrollo social al perder de vista las dimensiones más amplias y complejas que le dan sentido al término.
Los expositores, al hablar sobre la Renta Básica coincidimos que esta propuesta surge no sólo como una crítica a políticas focalizadas y condicionadas que dicta el mandato neoliberal, sino ante los problemas que enfrentan las sociedades actuales marcadas por la precarización del trabajo, por el desmantelamiento de las instituciones de bienestar social y por el fracaso de las políticas de combate a la pobreza enfocadas en las transferencias de renta condicionada, por lo que el gran reto que se impone es la necesidad de proponer reformas de gran magnitud que viren profundamente el actual paradigma y que coloquen a la cuestión social desde una perspectiva de derechos.
Explicamos que el plantear una Renta Básica sobre la perspectiva de derechos nos debe llevar a reconocer que los derechos sociales son inherentes a las personas y no pueden estar condicionados al mercado de trabajo. La propuesta de una renta básica universal ligada al simple hecho de la ciudadanía marca un elemento central de distinción con los modelos de protección social latinoamericanos, caracterizados por otorgar en su gran mayoría, bienes o servicios sociales si se está vinculado al mercado de trabajo o si no se tiene una fuente mínima de renta.
Coincidimos que el tomar como referente a los programas universales existentes en la región latinoamericana nos sirven como valiosas experiencias que nos hablan de la aceptación, legitimidad e impacto que tendría una Renta Básica en nuestras sociedades. Prueba de ello resultan: la Renta Dignidad en el caso boliviano; La Renda de Cidadania aprobada como ley en Brasil y; la Pensión Ciudadana Universal para los adultos mayores en México, bajo la cual, todos los ciudadanos del Distrito Federal mayores de 68 años tienen derecho a una renta mensual en promedio de U$55, sin distinción alguna de su situación socioeconómica. Otro referente en México que apunta hacia la universalidad sin ninguna condición es la beca que se otorga a todos los estudiantes de instituciones públicas que cursen la educación media superior. Sobre la experiencia mexicana, Pablo Yanes abundó que la Pensión Ciudadana Universal para adultos mayores en su inicio recibió fuertes críticas por parte de los sectores políticos de derecha, sin embargo, los años han confirmado que existe una gran aceptación de amplios sectores de la sociedad y de los propios adultos mayores, quienes perciben una mejoría en su nivel de ingresos y en sus márgenes de libertad al decidir en qué y cómo gastar su pensión.
Un ejemplo de transición progresiva de un programa de transferencia de renta condicionada a una Renta Básica se prevé implementar de manera muy concreta en el municipio paulista de Santo Antonio do Pinhal, Brasil. Al respecto, José Augusto Guarnieri Pereira, Presidente Municipal del PT en este municipio de 700 mil habitantes, reiteró su disposición de que sea Santo Antonio do Pinhal ejemplo pionero de una renta básica en América Latina. Para lograrlo prevé apoyarse de las fuentes de ingresos más importantes en su municipio, como puede ser el turismo, crear un fondo municipal financiado por organizaciones de la sociedad civil y contar con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social de Brasil para que el más importante programa federal de transferencia de renta, denominado Bolsa Familia, transite a una Renta Básica donde no sea otorgado sólo a los más pobres sino a todos los ciudadanos de esa localidad.
La defensa del Senador Suplicy y del Presidente Municipal José Augusto Guarneire, a favor de que el actual programa de transferencia de renta “Bolsa Familia” se convierta de manera gradual en una Renta Básica en Brasil, suscitó un debate interesante. Por su parte, el Ministro de Desarrollo Social, Patrus Ananias, defendió el programa “Bolsa Familia” al resaltar que éste, como la creación de un Ministerio de Desarrollo Social, son prueba de las acciones que el gobierno federal realiza para combatir la desigualdad. Mencionó como parte de un ejercicio de prospectiva, que si se fuese a implementar una Renta Básica de manera modesta, se podría pensar iniciar con R$40 por mes (16 dólares en promedio) para cada uno de los 190 millones de residentes brasileños, lo que ocasionaría un gasto de R$91,2 billones, que correspondería 7 veces más el presupuesto de Bolsa Familia, e inclusive, un presupuesto mayor que el de su propio Ministerio.
No obstante, las dificultades de financiar una Renta Básica no deben representar un obstáculo insuperable, puesto que es un tema que en los últimos años se ha profundizado y del cual existen estudios que pueden guiarnos sobre su viabilidad, como puede ser la reforma que se propone al Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IFRP) en Cataluña, por mencionar alguno.
Las mayores coincidencias entre los expositores las tuvimos al reconocer los beneficios que derivarían al implementar una Renta Básica en comparación con los programas de transferencia de renta actuales en América Latina, es por ello que enfatizamos como aciertos de la Renta Básica: 1) su no condicionalidad para recibirla; 2) los avances en dignidad, libertad y autonomía que percibirían las personas al decidir en qué gastar su ingreso; 3) la cohesión social que derivaría del hecho que todos los integrantes de la sociedad participen de la riqueza colectiva; 4) la eliminación de los gastos y del control social que genera una burocracia destinada a verificar que se cumplan las corresponsabilidades exigidas en los programas de transferencia actuales; 5) la erradicación del estigma que marca a los ciudadanos pobres al recibir una transferencia monetaria; 6) la eliminación de la posibilidad de generar dependencia a una transferencia monetaria y no motivar que los actuales beneficiarios obtengan otras fuentes de renta; 7) la mayor legitimidad que obtendrían las fuerzas políticas al beneficiar de manera igualitaria a todos los ciudadanos y no sólo a algunos; 8) la posibilidad de que a través de un ingreso garantizado todos los ciudadanos, y no sólo los sectores más vulnerables, enfrenten de manera más sostenida y articulada los procesos de exclusión que provoca la globalización; 9) su impacto en el orden socio-político al otorgar condiciones materiales para el ejercicio efectivo de derechos y para participar en actividades sociales, cívicas, comunitarias a favor de la sociedad; 10) su impacto redistributivo en el ingreso, puesto que los sectores más ricos contribuirán más para que ellos, como todos los demás la reciban y; 11) su enfoque preventivo para evitar que la gente caiga en la pobreza.
Como parte de las actividades globales de Belém Expandida en México se realizaron acciones en 12 estados de la República y en el Distrito Federal. Da un enorme aliciente el saber que la discusión sobre la Renta Básica fue compartida en Belém y en México al encontrar entre los resultados de los debates públicos del D.F. el siguiente punto: “Decimos no al supuesto combate a la pobreza, y decimos sí, en cambio, al combate a la desigualdad, a la exclusión y discriminación. Estamos a favor del ingreso ciudadano universal”.








