“Es difícil salir adelante cuando no puedes cubrir tus necesidades.
Cuando alguien te ayuda lo ves diferente. Tu mente cambia si recibes un empujón. Dejar de sufrir por la comida de tus hijos te permite poder pensar donde puedes mandar tu currículum.”
[mujer participante del proyecto B-MINCOME, Barcelona, 2018]
B-MINCOME: un diseño experimental innovador
El experimento piloto que se está realizando en Barcelona –B-MINCOME, combinando una renta mínima garantizada y políticas sociales activas en zonas desfavorecidas de Barcelona– publicó este julio de 2019 el informe de resultados parciales de su primer año de implementación (2017-2018). Este proyecto, iniciado en octubre de 2017 y que finalizará a finales de este 2019, tiene como objetivo la reducción de la pobreza y la exclusión social de colectivos con alta vulnerabilidad económica y social. Durante estos 24 meses, y siguiendo el modelo de los llamados Randomised Control Trials (RCT)[1], 1.000 hogares aleatoriamente seleccionados de tres de los distritos más pobres de la ciudad (Nou Barris, Sant Andreu y Sant Martí) han estado recibiendo una renta de entre 100 y 1.675 euros mensuales[2]. 550 de estos hogares también han participado en las cuatro políticas activas de inclusión socio-laboral que el proyecto ha puesto en marcha: una de formación y ocupación; una de fomento del emprendimiento en la economía social, solidaria y cooperativa; una de ayudas a la rehabilitación de pisos para alquilar habitaciones; y una de participación comunitaria.
Cerca de 500 hogares más están participando de forma pasiva, esto es, actúan como grupo de control con el cual comparar los resultados obtenidos en los 1.000 hogares pertenecientes a los distintos grupos de tratamiento. Lo que hace más interesante e innovador este proyecto es que en él se combinan cuatro modalidades de participación: la condicionada (las personas aleatoriamente asignadas a una política activa están obligadas a participar en ella), la no condicionada (la participación en las políticas no es obligatoria para seguir percibiendo la renta), la limitada (los ingresos adicionales que se puedan conseguir reducen la cantidad de la renta de forma proporcional) y la no limitada (en que estos ingresos adicionales no reducen la cantidad de renta a percibir) y que es i que es la modalidad más similar al modelo de renta básica incondicional.

¿Un sistema de garantía de rentas a nivel municipal?
La experiencia de la implantación de la Renda Garantida de Ciutadania (RGC), aprobada hace dos años por el Gobierno de la Generalitat, se está mostrando totalmente insuficiente, tanto en lo que se refiere a su grado de cobertura como de intensidad. La pregunta más urgente que esto plantea no es tanto si esta política puede mejorarse (que debe hacerlo, por supuesto), sino más bien qué deben hacer los municipios como Barcelona para –mientras esto no ocurra– garantizar unos niveles mínimos y dignos de subsistencia material a sus habitantes. Por ello, y más allá de la reducción de la pobreza y del fomento de la autonomía personal, el objetivo final del B-MINCOME es testear qué modalidad de transferencia es más eficaz (en relación a los resultados obtenidos) y más eficiente (en relación al su coste de implementación) para disponer así de mejor información para diseñar mejores políticas sociales. De este modo, el proyecto piloto B-MINCOME se convierte en un paso inicial pero necesario hacia la implementación de un sistema municipal de transferencia de renta que se pueda consolidar en un futuro próximo y que, por lo menos, pueda complementar las limitaciones y las insuficiencias tristemente demostradas de la RGC.
Resultados positivos (pero parciales)
En línea con los resultados obtenidos en experimentos similares, como el de Manitoba en la década de 1970, el de Finlandia, el repentinamente cancelado de Ontario o los que están finalizando ahora en varias ciudades holandesas como Utrecht, el informe publicado por el Ayuntamiento de Barcelona pone de manifiesto resultados cuantitativos positivos, por ejemplo: el incremento del 11% de media en el bienestar general o de 1,4 puntos porcentuales en el bienestar económico. También muestra una reducción de 8 puntos en el índice de privación material severa, y de hasta 18 puntos en la preocupación por no tener comida. Destaca también la reducción de 3 puntos de media en la necesidad de ingresar dinero por vías no laborales (por ejemplo, mediante el alquiler de habitaciones, una problemática especialmente acuciante en la ciudad de Barcelona) o la reducción de desarrollar enfermedades mentales y la mejora de la calidad del sueño, en 10 y 1 punto porcentuales de media respectivamente –unos resultados asociados a la reducción del estrés financiero que sufren estas familias–. Así mismo, la evaluación cualitativa y etnográfica del proyecto también aporta resultados positivos, como un aumento de cerca del 28% de la felicidad y de la satisfacción general con la vida, así como un incremento significativo de la vinculación y la participación vecinal y comunitaria.
Sin embargo, el informe no ha detectado cambios estadísticamente significativos ni en la inseguridad habitacional ni en la capacidad para afrontar gastos inesperados (aunque la cantidad de la transferencia monetaria no permite el ahorro, sino básicamente poder hacer frente a los gastos básicos habituales). Así mismo, tampoco se observan resultados significativos en la inserción laboral ni en la mayoría de dimensiones relacionadas con el empleo. Cabe mencionar, pero, que este resultado era el esperado y en línea con otros experimentos similares y que, además, confirma las hipótesis planteadas inicialmente: las personas en modalidad condicionada experimentan un “lock-in effect”[3] puesto que su (obligatoria) participación en las políticas activas ha podido quitarles tiempo a la hora de buscar empleo. Sin embargo, cabe matizar que la mayoría de participantes padecían un alto grado de exclusión o precariedad laboral desde antes de empezar el proyecto y, por tanto, era poco realista esperar resultados muy ambiciosos en este sentido.
Optimismo en los resultados pero… ¿cuál es realmente el objetivo?
Aun así, e independientemente de que la Renta Básica u otras políticas parecidas de transferencia monetaria puedan (o no) desincentivar la búsqueda de empleo, la pregunta (y el debate) de fondo que emerge a la hora de analizar estos resultados bien podría ser la planteada por el analista Scott Santens en abril de 2019:
¿Cuál es el objetivo de la Renta Básica (RBI)? La respuesta no es la creación de empleo. Sí, la RBI fácilmente creará empleo debido al impacto económico de incrementar la demanda que requerirá incrementar la oferta, pero este no es su propósito. Es más bien uno de sus muchos efectos. La respuesta al objetivo de la RBI requiere preguntarse otra cuestión, y esta es ‘¿cuál es nuestro propósito?’ ¿Cuál es nuestro propósito como personas? […] Creo que nuestro propósito es hacer la vida mejor para todos.[4]
Como recordaba el mismo Santens, la prudencia siempre es buena compañera, pues el informe que publica el Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona únicamente recoge los resultados obtenidos en el primer año del proyecto y, por tanto, hay que esperar hasta la publicación del informe de resultados definitivos (a inicios de 2020) para poder evaluar de forma sólida la eficacia y la eficiencia global del proyecto. Sea como sea, dado el perfil de alta vulnerabilidad de las personas beneficiarias[5] y que el informe sólo analiza el impacto del primer año de implementación, los resultados obtenidos permiten al equipo del proyecto ser optimistas. Se espera así que, al finalizar el proyecto, estos resultados sean más significativos y consistentes desde el punto de vista estadístico y todavía más positivos y esperanzadores desde el punto de vista sustantivo, esto es: en la mejora de la calidad de vida de las personas participantes, en el incremento de su libertad y de su autonomía, y en la reducción de su dependencia de otras ayudas públicas.
[1] Para profundizar en las potencialidades y limitaciones de los RCTs, véase: White, H., Sabarwal S. y de Hoop, T. (2014): “Randomized Controlled Trials (RCTs)”, Methodological Briefs: Impact Evaluation, Vol. 7, UNICEF Office of Research, Florence; así como Cowen, N., Virk, B., Mascarenhas-Keyes, S. y Cartwright, N. (2017): “Randomized Controlled Trials: How Can We Know ‘What Works’”?, Critical Review. A Journal of Politics and Society, Vol. 29(3): 265-292.
[2] El importe mediano que han recibido los hogares participantes durante este primer año ha sido de 724 euros mensuales.
[3] Para una revisión del lock-in effect, las causas y las diferentes formas de abordarlo, véase: Wunsch, C. (2016): “How to minimize lock-in effects of programs for unemployed workers”, IZA World of Labor: Vol. 288. Disponible online en: www.wol.iza.org/uploads/articles/288/pdfs/how-to-minimize-lock-in-effects-of-programs-for-unemployed-workers.pdf?v=1.
[4] Santens, S. (2019): “What is There to Learn From Finland’s Basic Income Experiment? Did It Succeed or Fail? Evaluating the Preliminary Results of a Partial UBI and Slightly Less Bureaucracy”, Medium.com. 14 de febrero de 2019. Existe traducción castellana publicada en Sin Permiso, disponible online en: http://sinpermiso.info/textos/que-hay-que-aprender-del-experimento-de-la-renta-basica-de-finlandia-fue-un-exito-o-un-fracaso
[5] Los hogares participantes del experimento B-MINCOME son sustantivamente más vulnerables que la media de los hogares de la ciudad y más vulnerables todavía que la media de hogares en riesgo de pobreza. Por ejemplo, son más numerosos (4,14 y 2,54 personas respectivamente), sufren una mayor tasa de privación material (93,45% frente al 44,6%), viven mayoritariamente en régimen de alquiler (57,7% frente al 45,0%), registran una mayor brecha digital (el 39,8% no dispone de conexión a internet, mientras que entre la población en riesgo de pobreza de Barcelona esta cifra es del 21,1%) y muestran un peor estado de salud (51,5% reporta un estado de salud regular o malo, frente al 29,7% de media de las personas pobres de la ciudad).








