La crisis constitucional de la Unión Europea no ha sido aún superada desde los referenda negativos en Francia y en Holanda el pasado año. Los gobiernos de los Estados miembros hablan de una “pausa de reflexión”, antes de volver al proceso de ratificación. Lutz Herden entrevistó para Freitag al economista y politólogo Elmar Alvater, una de las voces alemanas más lúcidas y penetrantes respecto de la situación de la Unión Europea.

FREITAG: El Consejo europeo ha declarado su intención de reanimar el proceso constitucional europeo a pesar de los resultados negativos en Francia y en Holanda. ¿Cree Usted que eso tiene alguna perspectiva?
ELMAR ALTVATER: A la vista del estado en que se halla la UE, resultará bien difícil; y hay que tener en cuenta que, con la entrada a partir del 1 de enero de 2007 de Rumania y Bulgaria, serán dos Estados más lo que tendrán que ratificar el tratado constitucional. La disputa en torno de la directriz Bolkestein acaba de mostrar la profunda cisura que divide a las sociedades de la UE. Se observa una crasa oposición entre el intento estratégico de constitucionalizar el neoliberalismo y las preocupaciones por levantar una Europa social, prácticamente ausente del presente proyecto constitucional.

F.- ¿Piensa Usted en una nueva redacción del texto?
EA.- Necesariamente. Si el presente proyecto fuera ratificado, eso no significaría sino el blindaje> escrito del dogma neoliberal, lo que traería consigo la exclusión de buena parte de los europeos del arco costituzionale.

F.- Un nuevo debate en torno de un nuevo texto… La cosa iría para largo…
EA.-F.- En tal caso, ¿estaría Usted a favor de que hubiera referenda ratificatorios en todos los Estados de la UE, sin excepción?
EA.- Lo que por lo pronto me parece necesario es que se elabore un proyecto con la participación de los más, para que luego las ciudadanas y los ciudadanos –no los Parlamentos— puedan decidir con su voto. Tendría que haber un referéndum también en aquellos países en los que sus respectivos Parlamentos hayan ratificado ya el proyecto constitucional originario.

F.- ¿Cree Usted factible que pueda llegar a desarrollaser una presión suficiente a favor de eso?
EA.- Evidentemente, soy escéptico al respecto. Hay que partir del hecho de que en algunos países de la UE hay mayorías de izquierda con una comprensión democrática de base, pero en una serie de otros países no es descartable tampoco la formación de mayorías conservadoras, reaccionarias incluso. En todo caso, hay que tener presente que en muchos Estados de la UE la participación electoral es más bien baja: en esas circunstancias, el tema de la constitución de la UE toparía con la abstinencia y el malhumor políticamente contrariado de la población. Sin embargo, el debate constitucional europeo no va a poder esquivarse.

F.- ¿Por qué?
EA.- Sencillamente, porque es imposible dejar sin la coronación política que es una constitución un proceso de integración económica europea que ha llegado ya a la unión monetaria. Visto tecnocráticamente, una política exterior común o una coordinación de la política financiera en el seno de las instituciones de la UE son cosas de todo punto posibles. Pero eso no es un proceso vivo, porque la población, en el mejor de los casos, está sólo rudimentariamente implicada en el Parlamento europeo.

F.- ¿Cambiaría eso con una constitución?
EA.- En cualquier caso, el debate de un texto constitucional estimularía la discusión sobre las cuestiones decisivas: ¿queremos una Europa social o neoliberal? ¿Una Europa amiga de la ciudadanía, o una Europa entregada a la economía? Una constitución no es sino un momento de un proceso social y de los conflictos políticos por ese proceso entrañados, lleva Usted razón. Pero deberíamos pensar que de la formulación de una constitución europea depende también su influencia en las constituciones nacionales. El Tribunal Constitucional Federal [alemán] ha dejado inequívocamente sentado que la Ley Fundamental tiene primacía sobre cualquier regulación europea. Sin embargo, caso de que llegara a instituirse una constitución europea, ésta tendría un peso considerable en los futuros procedimientos constitucionales.

F.- Debería esa constitución otorgar al Parlamento europeo un derecho presupuestario comparable al derecho de los parlamentos nacionales a elaborar sus presupuestos?
EA.- Si la constitución es expresión de la integración política europea, la consecuencia son unas instituciones europeas correspondientemente robustecidas. El Parlamento europeo necesita en todo caso un derecho presupuestario. Sería ciertamente ridículo que el presupuesto europeo se mantuviera en una magnitud que no llega al uno por ciento del producto interior bruto del conjunto de la UE. Si se está a favor de un derecho presupuestario del Parlamento europeo, habrá que regular también en la constitución la posibilidad de unos impuestos europeos. Por eso la presidencia austriaca del Consejo de Europa ha empezado a hablar ya de gravar fiscalmente las transacciones de divisas.

F.- ¿Debería el Parlamento europeo arrogarse también derechos de control sobre el Banco Central Europeo, a fin de lograr mayor eficacia coyuntural en la política financiera?
EA.-Sólo si la constitución constituyera una Europa social, podría, pongamos por caso, la política de empleo llegar a tener suficiente peso como para obligar al Banco Central Europeo a perseguir fines que no se redujeran a la mera estabilización del precio del dinero de acuerdo con el tratado de Maastricht. En una Europa social sería incluso necesario limitar la autonomía del Banco Central frente a las instituciones políticas.

Elmar Altvater es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Su último libro traducido al castellano: E. Altvater y B. Mahnkopf, Las Limitaciones de la globalización. Economía, ecología y política de la globalización, Siglo XXI editores, México, D.F., 2002.

Traducción de Amaranta Süss

Freitag, 14 abril 2006

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